La mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, dio un nuevo impulso a los programas sociales en un intento de tender la mano a sus bases, a las que quiere reactivar de cara a la eventual apertura de un proceso de destitución en su contra y la posible llegada al poder del vicepresidente Michel Temer.
Con motivo del Día de los Trabajadores, Rousseff anunció un reajuste del 9% en la asignación del Bolsa Familia, el programa bandera del Gobierno de combate al hambre, y un ajuste al impuesto sobre la renta que beneficia a los asalariados.
En la que podría ser la recta final de su mandato, la jefa de Estado ha intensificado el contacto con los grupos de izquierda y deberá anunciar a lo largo de la semana más medidas de carácter social, una especie de "paquete de bondades" con el que pretende recuperar el respaldo de sindicatos, movimientos sociales y las propias bases del PT.
Estos grupos están desencantados con Rousseff por el escándalo de corrupción que ha salpicado al PT, por las medidas de austeridad propuestas por la presidenta para sanear las cuentas.