La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, solicitó al Congreso que convoque un plebiscito para la reforma política que exigen los “indignados”, la cual desea que sea aprobada en tres meses y tenga validez en las elecciones de 2014, pese a que en las Cámaras no hay consenso sobre el asunto.
“En las últimas semanas, millones de brasileños salieron a las calles para reivindicar mejores servicios públicos en el transporte, la salud y la educación, el combate a la corrupción y cambios en el sistema de representación política”, dice el mensaje dirigido por la jefa de Estado al Parlamento.
La solicitud fue entregada por el vicepresidente, Michel Temer, y el ministro de Justicia, José Eduardo Cardoso, un día después de que la propia Rousseff, tras una reunión con su gabinete, expresó el deseo de que “toda esa energía que viene de las manifestaciones tenga algún efecto sobre las elecciones” del año próximo.
La Constitución brasileña reserva al Parlamento la convocatoria de un plebiscito así como la definición de su forma y contenido.
La minoritaria oposición rechaza el plebiscito.