El presidente ruso, Dmitri Medvédev, acude a la cumbre de la OTAN-Rusia en Lisboa, el próximo día 20, con la voluntad de abrir una nueva era de cooperación con la Alianza en Afganistán y en materia de defensa antimisiles, aunque solo a cambio de múltiples garantías de seguridad.
“No queremos sorpresas. No queremos un segundo Bucarest”, polémica cumbre ruso-aliada de abril de 2008, en la que se trató el posible ingreso de Georgia y Ucrania en la Alianza, aseguró el embajador ruso en Bruselas, Dmitri Rogozin.
Rusia está dispuesta a “enterrar los fantasmas del pasado”, como ha pedido el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y poner fin de una vez por todas al largo periodo de transición que siguió a la caída de la URSS y al fin de la Guerra Fría.
No obstante, el Kremlin no efectuará concesiones que pongan en peligro su seguridad, tanto en lo que se refiere al despliegue de elementos de un escudo antimisiles cerca de sus fronteras o al aumento de la presencia militar aliada en su patio trasero.