La escalada de violencia provocada por el secuestro de tres soldados israelíes por parte de grupos palestinos y libaneses, han provocado una reacción militarizada de Jerusalén, tema que tanto el presidente ruso Vladimir Putin como el mandatario norteamericano, George W. Bush, analizaron al comenzar las reuniones de la cumbre internacional en la antigua capital de los zares.
Putin, el presidente anfitrión de la cumbre, ejerce mucha influencia en los países árabes, como Líbano, Siria e Irán; mientras, Estados Unidos es aliado estratégico de Israel, a quien dio "luz verde" para sus acciones de represalia. Además del problema en Oriente Medio, está el reconocimiento total de Rusia en el exclusivo bloque de naciones económicas.
Aunque Moscú preside en 2006 el G-8, a ciertos analistas occidentales les quedan dudas respecto a si es o no miembro con pleno derecho del Club, o la habrán invitado sólo porque la mayoría de los países de los "siete" depende de la exportación por Rusia de sus agentes energéticos.
Según destaca la agencia de noticias rusa RIA Novosti, Rusia buscará reconocimiento formal de su poderío comercial, pues es miembro con plenitud de derechos del G-8 y uno de los líderes del sistema económico mundial, tal como afirma Arkady Dvorkovich, jefe del Departamento de Exportaciones de Rusia.
Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Rusia, además de la Unión Europea como invitada, deben igualmente analizar otros múltiples problemas globales, sobre todo el comercio.
Los países ricos "deben eliminar barreras comerciales y al mismo tiempo cesar la mayor parte de los subsidios a las exportaciones", declaró Putin a la Associated Press.
Putin también ha informado que Rusia insistirá en incluir el tema de la seguridad de la industria nuclear y la no proliferación de armas atómicas en la cumbre del G-8.
El dirigente ruso hizo recordar la tragedia de Chernobyl de 1986 y señaló que el problema de la seguridad nuclear concierne no sólo a los países atómicos, sino también a los que no proyectan desarrollar ese sector.
"La seguridad atañe a todos, y Rusia lo sabe mejor que nadie por la tragedia de Chernobyl", manifestó Putin. Sobre Irán y su programa atómico, EE.UU. y otras potencias del G-8 también quieren hacer algo definitivo en la cumbre rusa.
Irán considera el enriquecimiento de uranio en sus centrífugas como hecho consumado y proceso irreversible. Este es otro reto a lidiar y que el mundo no tiene posturas en común.
Ante las críticas de que el G-8 no hace nada, que es más pompa y gala entre los poderosos, Putin sugirió crear un mecanismo de diálogo permanente entre ese grupo y las ONG internacionales.
Kemal Dervis, administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, indicó que está pendiente la condonación de la deuda externa de muchos países pobres, pero pocos resultados han ocurrido tras la promesa realizada en la pasada cumbre G-8 de Gleneagles, Escocia, en 2005.
"Los líderes del G-8 aceptaron el desafío de la pobreza extrema en África, Asia y en otros países en desarrollo del mundo. Aceptaron perdonar los préstamos impagables y prometieron otorgar 50 mil millones de dólares adicionales en ayuda anual al desarrollo para 2010. Sin embargo, pocas naciones pobres han sentido un impacto tangible de esas promesas", destacó Dervis.
Igualmente, Dervis señaló que es urgente que las potencias den más ayuda, en vez de solo perdonar deudas.
Dervis agrega que demasiadas naciones en vías de desarrollo están excluidas y miran desde afuera cómo las economías maduras sacan provecho de una "globalización", que todavía no es realmente global.
"Esa es la razón por la que necesitamos el liderazgo del G-8 ahora", recomienda el alto funcionario de la ONU.
La propuesta de Dervis señala que los recursos para el desarrollo serían mucho más productivos "si estuvieran desplegados en un entorno comercial más favorable a los países de bajos ingresos". Antes de llegar a Rusia, el presidente, George W. Bush, tuvo una activa jornada de conversaciones telefónicas con el presidente egipcio, Hosni Mubarak; el rey Abdalá II de Jordania y el primer ministro libanés, Fuad Siniora. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, habló por su parte con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, según informó el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow. Bush y Rice tratan de frenar el conflicto armado en Oriente Medio, aprovechando la cumbre del G-8.
El primer ministro italiano, Romano Prodi, se mostró "muy preocupado" y ha "deplorado" especialmente la escalda de la violencia protagonizada por Israel.