El acuerdo del gobierno del presidente ruso Vladimir Putin es un paso decisivo que debería permitir la entrada en vigor del acuerdo internacional concluido en 1997 sobre la limitación de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Como la Duma (cámara baja del Parlamento) es dominada por amplia mayoría por el partido oficialista Rusia Unida, la ratificación no debería plantear mayores inconvenientes.
Durante los tres próximos meses los ministerios y agencias federales rusos involucrados en el tema deberán hacer el inventario de las obligaciones y los derechos de cada uno al aplicarse dicho protocolo, precisó la agencia Interfax.
Para entrar en vigor, el protocolo de Kyoto debe ser ratificado por al menos 55 países que representen el 55% de las emisiones de CO2 de los países industriales. Como Estados Unidos decidió no ratificar este acuerdo en 2001, la tasa de 55% sólo puede ser alcanzada con la autorización de Moscú.
Las autoridades rusas no ocultaron que su decisión era fundamentalmente un gesto político y algunos responsables recordaron que los intereses económicos de este protocolo para Rusia todavía no han sido demostrados.
"El carácter particular de nuestra posición es que todo depende de nosotros. El futuro del protocolo de Kyoto se encuentra en nuestras manos", destacó el viceministro de Relaciones Exteriores, Yuri Fedotov, en el consejo de ministros.
Pese a los llamados insistentes desde el exterior, sobre todo de la Unión Europea (UE), Putin dilató en los últimos años una definición sobre el tema, y en el seno de la dirigencia rusa se enfrentaban partidarios y opositores del acuerdo.
Según la UE, el gran impulsor de Kyoto, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, deben ser reducidas en un 50% "antes de 2010".
El director del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUE), Kalus Toepfer, lanzó un llamamiento indirecto a EU para que acepte compromisos multilaterales de lucha contra los cambios climáticos.
Firmado el 10 de diciembre de 1997, el Protocolo de Kyoto sigue generando acalorados debates entre quienes consideran que su fracaso significaría una catástrofe, y los que estima que se trata de un tratado demasiado débil e inoperante.
El acuerdo ambiental, suscrito en la ciudad japonesa de Kyoto, exige que los países industrializados reduzcan sus emisiones de ese tipo de gases.
El protocolo es considerado como el más apremiante de los cerca de 200 acuerdos sobre medio ambiente de la ONU, pero su eficacia continuará siendo limitada tras ser rechazado por Estados Unidos, el primer contaminador mundial.