Moscú aumentó ayer su presión en Chechenia con varias operaciones especiales, mientras Rusia cumplía una jornada de luto en la que murieron 116 soldados al estrellarse el helicóptero en la viajaban en la provincia rebelde. La caída de la nave, que llevaba exceso de personal y presuntamente fue derribada por rebeldes chechenos, fue el ataque más mortífero sufrido por Moscú en su actual ofensiva en Chechenia. El hecho, provocó que el presidente Vladimir Putin llamara al ministro de Defensa, Sergei Ivanov para que investigue el estado del Ejército.
En Rusia, las banderas ondearon a media asta ayer, mientras los familiares de las víctimas aún estaban identificando los cuerpos calcinados. Mientras funcionarios continuaban investigando la caída del helicóptero, las tropas de Moscú intensificaron sus operaciones para sacar a los rebeldes de poblados de Chechenia.
Una de las cabezas fue encontrada por residentes en un puesto de frutas en un mercado y la otra en una calle cercana que lleva al comando central militar en el sur de Jolo, al sur de Manila.
Los dos hombres asesinados y las cuatro mujeres que permanecen como rehenes residían en Zamboanga, una ciudad de mayoría cristiana. Todos llevaban Biblias y panfletos cristianos al momento de ser capturados por los rebeldes, dijeron las autoridades.