Las fisuras en el régimen islámico de Irán resultan cada vez más visibles. El más destacado de los clérigos disidentes, el gran ayatolá Hosein Ali Montazerí, hizo ayer un llamamiento para que se guarden tres días de luto por los muertos en las protestas contra el resultado electoral.
Por su parte, el ex presidente Mohamed Jatamí pedía que se ponga en libertad a los detenidos. Sus palabras contrastan con el empeño oficial en tachar a los manifestantes de alborotadores y terroristas.
Por otro lado, los opositores se mantenían ayer alejados del centro de Teherán, tomado por fuerzas antidisturbios y paramilitares, pero los gritos de contestación desde las azoteas subieron de tono.
"La religión prohíbe oponerse a las peticiones del pueblo... Hago un llamamiento a que se guarden tres días de luto nacional a partir del miércoles", pide Montazerí en un comunicado colgado de su página web.
Su intervención tiene un gran peso moral para los iraníes, ya que el gran ayatolá fue uno de los arquitectos de la revolución de 1979.
El ex presidente Jatamí, por su parte, también emitió un comunicado exponiendo su preocupación por la forma en la que las autoridades están reprimiendo las protestas.
"Impedir que la gente exprese sus peticiones por la vía civil tendrá graves consecuencias", advierte en clara contradicción con el deseo del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, que el viernes exigió el fin de las manifestaciones
Acusaciones.
Irán comenzó a apuntar hacia los países occidentales, mientras prosiguen las protestas contra el Gobierno, en especial en Teherán, donde al menos otras 13 personas han muerto en los últimos enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes que denuncian un fraude electoral.
El presidente Mahmud Ahmadineyad, cuya polémica elección ha desatado la revuelta, advirtió a Estados Unidos y el Reino Unido de que deben poner fin a la “interferencia” en los asuntos internos del país.
“Con estas opiniones prematuras saldrán con toda seguridad del círculo de los amigos de Irán, así que les aconsejo enmendar vuestra postura intervencionista”, señaló.
Según el mandatario, al que la oposición acusa de fraude electoral, estos países no conocen al pueblo iraní y se equivocan al enjuiciar “estos acontecimientos que elevan aún más la importancia de la República Islámica”.
Expulsión.
Horas después, el Gobierno ordenó la expulsión del corresponsal permanente de la cadena nacional británica BBC, John Lyne, al que acusó de mostrar una imagen falsa del país y de alentar los disturbios con sus informaciones.
Según las autoridades iraníes, Lyne ha faltado a la ética de su profesión al emitir noticias “que no se ajustan a la realidad”, informó la agencia de noticias local Fars.