Nuevas marchas paralizaron ayer el centro de La Paz, sede del gobierno de Bolivia, en el tercer día de una huelga general para presionar la salida del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el abandono de un proyecto de exportación de gas por un puerto de Chile.
El paro general, decretado el lunes por la dividida Central Obrera Boliviana (COB), obtuvo ayer la adhesión del combativo sindicato minero, que movilizó en marchas a centenares de trabajadores en los departamentos andinos de Oruro y Potosí.
"La huelga paralizó todas las actividades productivas de Huanuni", en Oruro, dijo a Reuters telefónicamente Marcos Bravo, un funcionario de esa principal mina boliviana de estaño, distante a 288 kilómetros al sur de La Paz.
"No se moverá ni una mosca ni un gusano (...) queremos que Goni (apodo popular del presidente Sánchez de Lozada) se vaya", declaró el secretario general de esa central regional, Roberto de la Cruz. El gobierno, tras infructuosos acercamientos al diputado y líder indígena Felipe Quispe, quien encabeza las protestas campesinas, aseguró ayer que buscaría "otro interlocutor" para dialogar sobre los problemas del empobrecido campesinado boliviano.
El gobierno está preocupado por lo que considera una "información alarmista" al exterior sobre las protestas contra la posible exportación de gas a Estados Unidos y México. Sánchez de Lozada admitió que el motivo principal de la reunión con los corresponsales era expresar esa preocupación.