El primer ministro Ariel Sharon recuperó su amplia ventaja en las encuestas para las elecciones generales del 28 de enero, después de que su principal rival descartó formar parte de una "coalición de unidad" que favorece la mayoría de los votantes indecisos.
Una encuesta encargada por el diario liberal Haretz dio al Likud 30 escaños de los 120 del Knesset (Parlamento), frente a los 27 vaticinados por un sondeo anterior del periódico, antes de que se viera envuelto en un escándalo de corrupción.
De acuerdo con las encuestas, los laboristas obtendrían 20 escaños, en comparación con el pronóstico previo, de 24. Otras encuestas arrojaron resultados similares.
Las encuestas fueron divulgadas en momentos en que fuerzas israelíes volaron en Cisjordania las casas de dos palestinos que realizaron atentados suicidas contra israelíes, y arrestaron ayer a 22 presuntos militantes en el territorio, dijo un portavoz del Ejército.
Pero los analistas creen que el pacifista Mitzna debilitó a los laboristas, declarando esta semana que no volvería a entrar en un gobierno de unidad nacional con el Likud, lo que impulsó a los votantes indecisos hacia la derecha.
Más de medio millón de árabes-israelíes afrontarán las urnas, el próximo 28 de enero, divididos en tres listas que reflejan la crisis de identidad en la que vive esa comunidad dentro de la mayoría judía, así como sus graves problemas socieconómicos.
Abatidos por el desempleo y con sus derechos civiles atropellados por una democracia que no ha sabido -o querido- insertarlos en su sociedad como iguales, los árabes-israelíes tienen muchas preguntas y pocas respuestas.
Los "árabe-israelíes" son los palestinos que se quedaron a vivir dentro de los límites reconocidos del Estado de Israel cuando este país declaró su independencia en 1948. El tiempo no ha logrado erosionar las diferencias entre las dos comunidades, que se profundizaron con el estallido de la Intifada de Al Aqsa.