El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, defendió su política contra el terrorismo y esquivó numerosas interrogantes a su manejo de la crisis de rehenes que llegó a un final escalofriante al conocerse que el periodista Kenji Goto había sido decapitado por los extremistas.
Durante un día de largo debate parlamentario, la bandera en la residencia oficial de Abe ondeaba a media asta como señal de duelo, que se mantendrá dos días tras la ejecución de dos rehenes japoneses a manos del grupo Estado Islámico.