Más de 8,000 personas han buscado refugio en instalaciones de una misión católica, que según las últimas informaciones se está quedando sin agua y sin comida.
Mientras tanto, funcionarios estadounidenses y africanos renovaron ayer sus presiones sobre los rebeldes liberianos para que abran el vital puerto de Monrovia y permitan la llegada de suministros alimentarios para los refugiados y residentes de la capital.
Sin confiar del todo en la promesa del presidente Charles Taylor de renunciar mañana al cargo y abandonar su arruinado país, los rebeldes no quieren abandonar el terreno ganado en semanas de crueles batallas callejeras que han dejado al menos 2,000 muertos.
Fuera de Monrovia, los enfrentamientos continuaron en la segunda ciudad del país, Buchanan, y en el norte de un país que ha conocido poco más que la guerra durante casi 14 años.
Se estima que los combates entre tropas del ejército y los grupos rebeldes han dejado a un millón de personas en plena crisis humanitaria. Christoph Harnisch, un alto delegado para África del Comité Internacional de la Cruz Roja, dijo a los periodistas que "la población local ha sido abandonada a niveles que raras veces se ven en África".
Harnisch fue más allá y agregó que "cuando vemos cuán rápido se deteriora la situación alimentaria en Monrovia... y los depósitos de comida no pueden utilizarse por días y días porque no están dadas las condiciones para hacerlo, entonces nos agarra un sentimiento de rebelión".