El Gobierno de Romano Prodi ha aprobado hoy un nuevo plan para acabar con la crisis de la basura en el sur de Italia, que incluye poner a los soldados a barrer las calles y a los generales de división a supervisar la recogida de desperdicios.
Sin embargo, y a pesar de que se trata de medidas drásticas, existe un gran escepticismo, especialmente en las zonas afectadas, ya que tan sólo hace unos meses se produjo el último pico de esta crisis, abierta desde hace catorce años.
El 25 de mayo del año pasado, tras otra reunión para hacer frente a la emergencia, la alcaldesa de Nápoles, Rosa Russo Iervolino, aseguró que, a partir de ese día, la situación sería "mucho más llevadera".
La realidad le ha desmentido y en las dos últimas semanas se han acumulado en la región de Campania, a la que pertenece Nápoles, unas 110,000 toneladas de basura.
La acumulación de desperdicios se produce debido a la falta de vertederos suficientes y modernos y a la implicación de la Camorra, la mafia napolitana, en el negocio de la recogida de basuras.
Las nuevas imágenes con montañas de inmundicia en las calles de Nápoles y las protestas, en algunos casos violentas".
Hoy, tras tres horas de reunión de urgencia, Prodi leyó un comunicado de cinco minutos en el que dio las líneas generales de su plan de acción, entre ellas, que los soldados recojan las basuras en escuelas y otras zonas durante las próximas semanas.
También se prevé la creación de tres incineradoras y un número "suficiente" de vertederos.
Otra medida es devolver la responsabilidad de la recolección a los Ayuntamientos.
Se intenta terminar con los llamados consorcios, empresas entre públicas y privadas, bajo el paraguas del comisario para la emergencia y que, según diversas fuentes, están infiltrados por la Camorra.