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Suelo fértil en apuros

Cada año desaparecen 24.000 millones toneladas de tierra fértil, según PNUD.


Hoy es el Día Mundial del Suelo, pero en vez de celebrar hay que detenerse y tomar conciencia porque un tercio del suelo (4.000 millones de hectáreas) es amenazado por la desertificación, y más de 250 millones de personas se hallan directamente afectadas por esta situación.
Cada año desaparecen 24.000 millones toneladas de tierra fértil, según un estudio del Programa de las Naciones Unidas (PNUD), por lo que es digno recordar que este es uno de los recursos naturales más importantes, de ahí la necesidad de mantener su productividad.
El suelo es esencial para la vida, como lo es el aire y el agua, y cuando es utilizado de manera prudente puede ser considerado como un recurso renovable.
Para los ambientalistas, la inapropiada utilización del suelo o gestión medioambiental, los factores socioeconómicos y políticos específicos, temperaturas altas durante meses que provocan sequías que impiden el crecimiento de la vegetación, el sobrepastoreo elimina la cubierta vegetal que protege el suelo de la erosión, el cultivo excesivo desgasta el suelo, la deforestación destruye los árboles que ligan la tierra al suelo.
De acuerdo con el biólogo, Ariel Rodríguez, los suelos degradados en Panamá están cerca al 30% del total de suelos del país, mientras que los suelos fértiles se siguen perdiendo, especialmente en tierras altas, y los buenos suelos de las tierras bajas están siendo contaminados con pesticidas peligrosos.
Según Rodríguez, en Panamá, a pesar de su rústica industria y desarrollo del campo, tiene uno de los problemas de erosión y deterioro del suelos más severos de toda la región.
Para la arquitecta y defensora del ambiente Raisa Bamfield, las prácticas de desarrollo insostenibles a lo largo del tiempo, que no corresponden a la capacidad y potencial de los suelos, ha afectado a gran cantidad de nuestros bosques tropicales húmedos y secos, y también a los humedales y manglares a todo lo largo y ancho del país.
Para ambos protectores del ambiente, el gobierno tiene la responsabilidad urgente de crear una mayor conciencia en la población acerca del deterioro de los recursos de la tierra y de su efecto negativo sobre la producción agrícola y la economía.
En Panamá la desertificación, como tal, no es el principal problema, pero a nivel mundial si es un problema muy serio. En Panamá hay focos de desertificación (especialmente en el Arco Seco), pero pueden ser controlados con estrategias de restauración y reforestación científica sin fines comerciales.
Rodríguez recomienda que se debe mapear con detalles las aptitudes y potencialidades para evitar la improvisación descontrolada en su uso, que al final es lo que produce más degradación del suelo.
No obstante, el Gobierno de Panamá a través de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y el Programa de las Naciones Unidas (PNUD) gestionó la ayuda con Fondo de Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), para complementar las líneas de acción para combatir la degradación del suelo, aliviar la pobreza y asegurar el manejo sostenible de la tierra.
Por ello, se ha convenido que el Programa de Manejo Sostenible para la Restauración, Rehabilitación y Conservación de los Ecosistemas para combatir la Desertificación en el Arco Seco, Sabana Veraguense y Cerro Punta, será el primer modelo de proyectos pilotos incorporados en Panamá para revertir la degradación del suelo.
Para Israel Torres, de la Unidad de Cambio Climático y Desertificación de la ANAM, el proyecto garantizará el éxito y la sostenibilidad de la iniciativa, creando políticas claras, proporcionando capacidades y modelos técnicos, y los instrumentos financieros a largo plazo, que facilitarán la puesta en práctica de estas iniciativas más allá de los 5 años.
Para conservarlo es necesario mantener la cobertura vegetal (bosques, pastos y matorrales) en las orillas de los ríos y en las laderas. Esto implica el evitar la quema de la vegetación de cualquier tipo en laderas. El incendiar la vegetación es un acto criminal, que va en contra de la fertilidad del suelo; deteriora el hábitat de la fauna, y deteriora la disponibilidad del recurso agua.
América Latina y el Caribe contiene una cuarta parte de las tierras desérticas y áridas del mundo. Para el Programa de las Naciones Unidas, la pobreza y la presión sobre los recursos de tierra originan la degradación de muchas de esas áreas secas.
No obstante, la información disponible de investigaciones sobre los tipos, causas, grado y severidad de la degradación de tierras es todavía insuficiente en la mayoría de los países de América Latina. Esta falta de información dificulta enormemente la identificación y la puesta en práctica de estrategias efectivas de conservación y rehabilitación de los suelos, según las Naciones Unidas.
Por ejemplo Perú es un país deficitario en la producción de alimentos por tener suelos escasos y por la orografía muy compleja, Bolivia es uno de los casos más dramáticos: alrededor del 41% del territorio está sufriendo procesos de degradación, de los cuales alrededor del 25% se puede considerar como degradación grave. Esto quiere decir que una zona de más de 275.000 km2, es decir, del tamaño de Alemania, tiene una fuerte degradación y no es apta para ningún tipo de producción agropecuaria. En México, se ha demostrado que, en diferentes medidas, alrededor de 97% del suelo está afectado por algún proceso de degradación. Los efectos de la degradación del suelo son numerosos: deterioro de la flora y de la fauna, desequilibrio del ciclo hidrológico, disminución de la diversidad, mengua de la capacidad alimentaria y maderera, contaminación, inundaciones y azolve de infraestructura, etc.; pero uno de los efectos más graves es la desertificación.


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241179
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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