Dos barcos equipados con tres vehículos submarinos y dos robots buscarán desde marzo, en un área diez veces más pequeña de la zona de rastreo inicial, las cajas negras del avión siniestrado entre Río de Janeiro y París con 228 personas a bordo el 1 de junio de 2009.
La búsqueda en ese área, reducida a unos 2,000 kilómetros cuadrados, será la última que se lleve a cabo y se prolongará durante cuatro semanas.
Se trata de la operación más ambiciosa de la Oficina de Investigación y Análisis (BEA, por sus siglas en francés), organismo criticado por las familias de las víctimas al no haber sido capaz de esclarecer el siniestro cuando han pasado casi nueve meses del accidente.
“Con los tres sonares buscaremos el pajar y con los dos robots la aguja”, explicó ante medio centenar de periodistas el responsable de medios de la investigación, Olivier Ferramte.
Según el director de la BEA, Jean-Paul Troadec, “hay buenas oportunidades de poder leer” las cajas negras si llegaran a encontrarse, ya que están concebidas para aguantar el impacto del vuelo y profundidades de hasta 6,000 metros bajo la superficie.