La Policía encontró ayer otros cinco cuerpos al ingresar a una cárcel de Brasil donde se amotinaron cientos de reos, lo que elevó a 14 la cifra de muertos en los cinco días que duró la rebelión, dijeron las autoridades.
"Algunos estaban sin cabeza, otros mutilados", dijo Renato Eduardo dos Santos, secretario adjunto de Seguridad del Estado de Rondonia, en cuya capital, Porto Velho, había estallado la revuelta el domingo.
Un acuerdo con los alrededor de 850 amotinados de la cárcel Urso Branco permitió sacar del penal a unos 170 familiares, que se encontraban de visita al estallar la revuelta y fueron mantenidos como rehenes.
Durante algunos días, la Policía permanecerá dentro del penal y los presos serán custodiados en un régimen especial.