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Tormenta tropical ‘Zoraida’ complica la ayuda a Filipinas

A las autoridades les preocupa la propagación de enfermedades debido a la contaminación de las aguas y que hay muchos cadáveres en las calles. Se informó que el gran número de víctimas pudo evitarse si la población hubiera tomado en serio las advertencias sobre el peligroso tifón Haiyan.


Tacloban/Filipinas (EFE) / Filipinas

El paso de la tormenta tropical “Zoraida” por la región occidental del archipiélago filipino ha llevado más lluvia a Tacloban y las poblaciones cercanas, lo que agrava las inundaciones parciales de varias zonas de la ciudad.

La propagación de enfermedades como la gripe y la aparición del cólera u otras epidemias es una de las máximas preocupaciones de las autoridades locales.

Las provisiones de alimentos y agua potable y el suministro de material médico continúan llegando con cuentagotas a las provincias centrales de Samar, Leyte y el norte de Cebú, las más afectadas por el desastre natural; aunque las agencias nacionales e internacionales han empezado a desplegarse en la región.

El Consejo para la Gestión y Reducción de Desastres de Filipinas elevó a 1,833 el número oficial de muertos en su último informe, en el que también confirmó que al menos hay 2,623 heridos y 84 desaparecidos.

Amenaza ignorada

Dos días antes de que asomase el tifón Haiyan, las autoridades recorrieron Tacloban con altoparlantes y exhortaron a la gente a que se fuese a zonas altas o se refugiase en centros para evacuados. Las alertas fueron transmitidas por radio y televisión. Algunos se fueron. Otros no.

Muchos residentes decidieron hacerle frente a los fuertes vientos, las inundaciones y los deslizamientos de tierra que acompañan los tifones que azotan esta nación. Pero nadie estaba preparado para lo que deparó Haiyan, un aluvión de 20 pies que avanzaba directamente hacia ellos.

“Se suponía que estaba en una zona segura”, relató Linda Maie, quien se quedó en su vivienda de una habitación más de medio kilómetro (un tercio de milla) tierra adentro. Había escuchado las alertas, pero dijo que su vecindario en Tacloban “nunca sufrió inundaciones en mis 61 años”.

Su familia compró comida en lata, agua y velas y cubrió el televisor, computadores y electrodomésticos con bolsas de plástico. Pero cuando su hija Alexa Wung, de 16 años, se despertó a las cinco de la mañana del viernes, en medio de fuertes vientos y una intensa lluvia, estaba claro que Haiyan no era una tormenta común y corriente. La casa temblaba. Los pisos de madera y los marcos de las ventanas crujían. Al asomarse a una ventana, Alexa vio puertas y pantallas que volaban por todos lados.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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