Fuerzas gubernamentales y milicias populares opositoras protagonizaron ayer batallas intensas en más puntos de la capital de Yemen, mientras las poderosas tribus del país advirtieron que podría desatarse una guerra civil a menos que el asediado presidente Alí Abdalá Salé renuncie.
Al menos 28 personas murieron según el gobierno y el número de decesos en cuatro días de luchas se acercaba a los 110.
Las batallas -en las que participan miembros de la tribu más grande de Yemen- plantean el desafío más importante al régimen de Salé, después de tres meses de manifestaciones callejeras.