Auna semana de la riada que truncó cientos de vidas en el municipio dominicano de Jimaní, fronterizo con Haití, los damnificados recuerdan entre tristes y atónitos la tragedia mientras la solidaridad llega a raudales.
"Hay gente que en estos días no ha querido comer nada porque vieron cómo el río se llevaba a sus hijos", contó el vicario de Jimaní, Fernando Peña, quien lamentó que el alud de lodo y piedras arrastró a familias completas, la mayoría haitianas.
El pueblo de Jimaní, al suroeste de Santo Domingo, hace frontera con Haití, donde las lluvias han dejado también un saldo trágico de 1,200 muertos, según cálculos oficiales, y hasta 2,000, según los extraoficiales.
Varios poblados haitianos permanecen aislados debido a las inundaciones y reciben la ayuda con los helicópteros de la fuerza multinacional -EU, Canadá, Francia y Chile- desplegada en el país.
La ONU también siguió ayer distribuyendo suministros en Haití, principalmente alimentos en Fond-Verrettes y Mapou, dos de las poblaciones más castigadas, mientras persiste el temor a nuevas lluvias.
El río Soléil, que desbordado se cebó en la madrugada del pasado lunes con los barrios de Jimaní "La Bombita", "Las Cuarenta" y "El Tanque", en Jimaní, nace en Haití, y arrastró a territorio dominicano a personas desde el otro lado de la frontera.
"Se me fue todo. El río me dejó vacío", narró Miguel Piña, que perdió su taller de ebanistería, pero salvó su vida y la de los suyos "porque mi hija Carolina, de 11 años, rezó una oración desde arriba del armario" mientras la casa se llenaba de agua.
Los miles de damnificados aún no dan crédito a la tragedia, mientras llega la ayuda humanitaria y se concentran esfuerzos en el saneamiento el suministro de agua potable ante posibles brotes de enfermedades epidémicas.
Los cadáveres no reconocidos, entre los que había muchos niños, son enterrados en fosas comunes o sepultados donde se encuentran para evitar su descomposición.
Las autoridades siguen rescatando cuerpos y cifran en más de 700 las víctimas entre muertos y desaparecidos.
Jimaní, pertenece a la provincia Independencia, una de las más pobres del país.
"Muchos no quieren ya estar aquí -relató el vicario- La presión es tan fuerte que el otro día a la una de la madrugada alguien alertó de que el río venía otra vez, y la gente salió desnuda a la calle y se subía en los tejados".