Turbas de kirguisos prendieron fuego a poblaciones uzbekas y asesinaron a sus residentes ayer en los peores disturbios étnicos que haya vivido esta nación centroasiática en 20 años y que han hecho que más de 75.000 uzbekos huyan por la frontera hacia Uzbekistán.
La mayoría de los refugiados uzbekos son ancianos, mujeres y niños, y algunos tenían heridas por arma de fuego, dijo el Ministerio de Emergencias uzbeko en una declaración difundida por la agencia informativa rusa RIA Novosti.
El Gobierno ordenó al Ejército que dispare contra los atacantes, pero incluso esa medida no pudo detener la ola de violencia que ha dejado más de 100 personas muertas y mil heridas desde que los disturbios comenzaron el jueves en la empobrecida nación del centro de Asia. Miles de uzbekos huyeron atemorizados a la frontera con Uzbekistán luego de que turbas de kirguisos incendiaran sus casas.
Los médicos y los activistas de los derechos humanos sostienen que la cifra real de muertes debe ser mucho mayor porque los uzbekos heridos no quieren ir a los hospitales para recibir tratamiento porque tienen mucho miedo de recibir nuevos ataques allí.
Los disturbios son los más violentos desde que el ex presidente Kurmanbek Bakiyev fuera depuesto en medio de una revuelta sangrienta en abril que lo llevaría a escapar del país. Los uzbekos apoyan al Gobierno interino, mientras que muchos kirguisos en el sur apoyan a Bakiyev.
Por su parte, Amnistía Internacional (AI) urgió ayer al Gobierno interino de Kirguizistán y a las autoridades locales a garantizar "la protección adecuada" a toda la población "y en particular a los ciudadanos de origen uzbeco, víctimas de la violencia que se ha desatado en el sur del país".
AI también pidió a los países vecinos que "mantengan abiertas sus fronteras y permitan la entrada a quienes huyen de la escalada de violencia en Kirguizistán, sin tener en cuenta su origen étnico, y les ofrezcan protección" hasta que se normalice la situación.