El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, mantiene la línea dura ante la mayor oleada de protestas en más de una década, al criminalizar a los manifestantes que protestan contra la eliminación de un parque en Estambul y asegurar que mantendrá sus planes urbanísticos.
Entretanto, miles de personas se concentran en la plaza Taksim de Estambul, a la que desde el pasado sábado no accede la policía, y que es el centro de la mayor oleada de protestas en Turquía en una década.
Los congregados esperan con tensión el regreso inminente de Erdogan, quien desde el lunes está de gira por el Magreb, y subrayó desde Túnez que no dará marcha atrás en sus planes de destruir el parque Gezi, aledaño a la plaza Taksin y una de las pocas zonas verdes de Estambul, para erigir un centro comercial.
Desde Túnez, antes de su esperado regreso a Turquía, el primer ministro admitió que la respuesta policial puede haber sido excesiva, pero se negó a buscar una salida negociada a la situación.
Aunque Erdogan no nos haga caso a nosotros, debería prestar atención a la economía, de la que tan orgulloso está, aseguró a Efe Özlem Dalkiran, una editora de medios alternativos.
Criticó que el primer ministro no solo no se haya retractado, sino que incluso contradijera el tono conciliador empleado en los últimos días por el presidente turco, Abdullah Gül, y el vice primer ministro, Bulent Arinc.