LAS CONSECUENCIAS de un divorcio son generalmente devastadoras para los hijos. Se produce un sentimiento de pérdida y un período de luto que se extiende por meses o años.
Como consecuencia directa, hay una respuesta de rebeldía ante la situación, de la que se responsabiliza a los padres.
También surge una no aceptación de la autoridad de los padres, actitudes de indisciplina, pérdida de valores y baja autoestima.
La directora del Instituto de Salud Mental, Juana Herrera, alegó que estas son situaciones muy peligrosas que deben ser manejadas con mucho cuidado.
Al producirse la separación, los hijos se encuentran en medio de la disputa y en ocasiones son utilizados como arma para atacar a la pareja, afirma.
En muchas oportunidades, manifestó, uno de los cónyuges es presentado como el malo de la película, mientras que el otro asume el papel de víctima.
"Lo que se produce es una distorsión de la figura materna o paterna y, por consiguiente, una pérdida de la autoridad de los padres", explicó.
De aquí en adelante, aparece una serie de comportamientos y acciones que pueden llevar a los jóvenes a extremos peligrosos.
El niño o adolescente inmerso en esta situación es quien pierde; por tanto, necesita ayuda para sobreponerse a una situación de la que no es responsable.
Entonces el joven inicia la búsqueda de una alternativa, para sentirse aceptado y respetado, pero puede ser influenciado por pandillas o por grupos ligados al consumo de drogas.
Una vez allí, es muy difícil lograr que el adolescente retorne al seno familiar con sus valores intactos y con actitudes positivas.
Los padres sólo solicitan ayuda psicológica cuando el problema es muy grave y el tratamiento puede resultar nulo.
Uno de los primeros pasos es preparar a los hijos para que el sufrimiento sea manejado de manera que no ocasione daños permanentes. Cuando estos hechos llegan a los extremos, pueden llevar a estados de depresión e incluso de suicidio.
La psicóloga Marilis Quirós afirma que la preparación de los hijos debe estar encaminada a no responsabilizar a alguno de sus padres de la separación y a establecer mecanismos de comunicación.
En el consultorio de un especialista en conducta humana se usan pruebas proyectivas para establecer la afectación de los niños. Se le pide al niño dibujar a su familia, la figura humana o un árbol.
Quirós dijo que también se pueden aplicar exámenes de proyección del contexto emocional y la personalidad del menor.
Explicó que en su práctica profesional un 75% de los niños que se encuentran en medio del divorcio de sus padres, presenta algún grado de afectación psicológica.
Cifras de la Contraloría indican que el 25% de los divorcios ocurre entre los 5 a 9 años de matrimonio.
Mientras que el 20% se registra entre los 10 a 14 años de unión conyugal, mientras que un 5% ocurre a menos de cinco años de casados. Desde la década del 90 ha habido un aumento de los divorcios.
Un aspecto importante de las cifras de divorcio son las causales, las cuales, según las Estadísticas Vitales de la Contraloría del año 2004, siguen cubriéndose en el "mutuo consentimiento de los cónyuges", la separación de hecho por más de dos años, y el abandono absoluto por uno de los cónyuges de sus deberes. En los divorcios por mutuo consentimiento, en el 40.1% de los casos hay por lo menos un hijo.
El 11% de las disoluciones legales ocurren entre matrimonios mixtos, observándose que en cónyuges panameños la nacionalidad de la esposa es dominicana o colombiana y la nacionalidad del esposo es estadounidense, colombiana o dominicana.
Un duro golpe a la familia
El divorcio puede ocasionar graves secuelas sicológicas a los niños, por lo que los padres deben buscar orientación.