Mundo

Un panameño en la guerra


"Estaba muy nervioso. Iba en la parte de adentro de uno de los barcos que el 6 de junio entraron a las costas francesas". Julio M. Aldrete es un panameño que hoy recuerda el "Día D", fecha que históricamente marca el desembarco de las tropas norteamericanas al puerto de Normandía en Francia
¡Qué hago yo aquí si soy panameño!, dijo asustado frente a la terrible experiencia que enfrentaba. Los recuerdos de su Panamá le dieron paz y llevaron a clamar a Don Bosco que le ayudara. "No sé si fue un milagro, pero de repente se me quitó el miedo", asegura.
"Me fui a la cubierta a ver el espectáculo de cientos o miles de aviones de las fuerzas aliadas bombardeando la costa de Francia", donde los alemanes habían establecido su artillería y explosivos y vio cómo la flota aliada se enfrentaba al enemigo.
Estaba muy asustado y sólo esperaba llegar a las costas con vida, comenta Aldrete.
Cuenta que los paracaidistas aliados abrieron un paso paralelo a la costa que siguieron después de desembarcar hasta el norte de Le Havre. Recuerda que fueron a Nancy y Metz, ciudades francesas.
En Metz le sorprendió que todos hablaban alemán y que sus habitantes conservaran esa lengua y tradiciones a tal grado que muchos de sus hijos se inscribieron en el ejército alemán, a pesar de ser franceses. Luego supo que perteneció a Alemania.
Aldrete estuvo en Alemania, Checoeslovaquia y vivió el asedio de Berlín por los rusos y la ocupación de Checoeslovaquia. Piensa que la guerra forma héroes y villanos. Lo dice por la experiencia que tuvo con generales alemanes, quienes sustrajeron pinturas de los museos de París, que luego custodió en un palacio en esa ciudad.
Proviene de una familia de siete hermanos. Nació el 22 de noviembre de 1921 en Panamá y durante la guerra participó como miembro del Tercer Ejército del general George S. Patton.
Entró al ejército de Estados Unidos a los 22 años cuando estudiaba Derecho Internacional en la Universidad de Berkeley en California, y trabajaba en el astillero Kyser Ship Yard, donde se armaban el Liberty Ship y Victory Ship, que se usaron en Normandía.
Para trabajar tuvo que cambiar su visa de estudiante a residente y en ese momento el gobierno norteamericano dispuso que todo residente y ciudadano norteamericano estaban sujetos a ser llamados a prestar servicio militar.
Cuando ingresó al ejército acordó con un grupo de cinco residentes de California ayudarse y protegerse. Durante la guerra no llevaban equipo y si necesitaban algo se lo hurtaban a los demás porque si tenían que salir corriendo no podían hacerlo con equipo.
Como él y sus compañeros no fumaban, guardaron todos los cigarrillos y los cambiaron por siete escuadras Luger, valiosas en ese tiempo.
En un lugar de Alemania, que no recuerda porque se preocupaba por salir con vida, el general Patton le entregó a 80 soldados el certificado de nacionalidad estadounidense. Allí, Patton le dijo que eran estadounidenses por nacimiento y por haber peleado por Estados Unidos.
De regreso a Nuremberg se entera que entre 10 mil soldados fue becado para estudiar en la American University en Biarritz, Francia, Civilización francesa.
Afirma que la guerra lo cambió. "No aguantaba nada a nadie".
Viaja a Costa Rica y se enrola en la Legión del Caribe, grupo guerrillero dirigido por un general dominicano.
En Costa Rica se entera de su nombramiento como cónsul general en Liverpool. Inmediatamente regresa a Panamá y se dirige a la Presidencia donde el Dr. Arnulfo Arias, en ese entonces presidente, lo enviaba a adquirir cultura.
Allá se casa con Anna, su compañera y madre de sus tres hijos: dos mujeres y un varón, quienes hoy le han dado cinco nietas, de las cuales se siente muy orgulloso.
Aldrete fue embajador en El Salvador y allí su esposa Anna se ganó el cariño de los salvadoreños porque albergó a 32 niños, muchos recién nacidos, a quienes cuidó y dio afecto.
Aldrete además de veterano de guerra se destaca por sus dotes de escultor, que perfeccionó con la orientación de los maestros José M. Ulloa y Leoncio Ambulo, y a la que dio alas cuando, durante la presidencia de Ricardo de la Espriella, fue director de Bellas Artes.
Hoy 60 años después de su experiencia bélica, Aldrete reconoce que lo pensaría porque sabe a lo que se enfrentaría y porque quienes inician las guerras nunca están al frente.


fecha edicion
old id
155298
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América