Muros altísimos, torres de vigilancia, alambres de púa, y edificios con rejas gruesas en las puertas y ventanas: por fuera, la Unidad 25 del complejo penitenciario de Olmos, situado a 60 kilómetros al sur de Buenos Aires, parece una cárcel como cualquier otra en Argentina.
Sin embargo, adentro la realidad es otra.
Se trata de la única prisión del país dedicada exclusivamente a presos evangélicos. Fue creada en 2002 y las autoridades afirman que no hay otra igual en el mundo.
Aquí unos 200 reclusos viven inmersos en un ambiente de reflexión y celebración religiosa que es poco común en las penitenciarías argentinas, donde los motines y la violencia son frecuentes.
La mayoría de los presos cumplen condenas por robo, violación, abuso de menores y hasta asesinato.
Unos 180 guardias también evangélicos custodian a sus compañeros de fe trabajando en tres turnos.
"El 25% de la población de esta cárcel cumple condena por abuso sexual", dijo a BBC Mundo el director de la Unidad 25, el prefecto mayor Ernesto Irusta.
"En general, los que cometen este tipo de delitos sufren represalias o son asesinados en las prisiones.
Pero no ocurre en este lugar, porque el clima es otro. Ni siquiera tenemos una celda de castigo".
Irusta explicó que, en la cárcel que dirige, los reclusos tienen su vida estructurada en torno de la fe: rezan todas las mañanas, tienen estudios bíblicos una vez a la semana, y los sábados y domingos participan en ceremonias evangélicas junto a sus familias.
Actividades.
Durante el servicio religioso, los reos alternan momentos de canto efusivo al ritmo de una banda de rock con instantes de sentida oración, Biblia en mano, dirigida por pastores-presos o por un capellán externo.
El resto del día, no sólo rezan y leen el Evangelio, sino que además trabajan en un taller de fabricación de bicicletas y en una granja, se educan o bien juegan al fútbol.
Duermen en habitaciones contiguas -sin rejas- de doce camas cada una, que ellos mismos asean.
Los internos se mueven libremente por la prisión y se espera que ellos mismos resuelvan sus problemas o disputas. El régimen de visitas es flexible.
Las autoridades afirman que, gracias al culto evangélico, la convivencia entre los reclusos, y entre los presos y los guardias, es mejor que en otras prisiones.
Para ser admitidos en esta prisión, los reclusos son evaluados por un panel que revisa su conducta y su fe.