Á lvaro Uribe dejará el Gobierno el sábado, tras ocho años en los que logró dar a los colombianos una relativa seguridad y confianza en el Estado, pero con unas relaciones diplomáticas rotas con varios países vecinos.
Con una popularidad del 75%, Uribe consiguió que la economía colombiana creciera a una tasa promedio del 5% los últimos años y que la inversión extranjera fuera en 2009, la más alta de América Latina (25,8% del PIB), una bonanza que se usó para financiar la “guerra” contra las FARC, aseguró la analista política Arlene Beth Tickner, de la Universidad de los Andes.
La política internacional de Uribe ha sido “nefasta”, según Tickner, para quien se ha “abusado de los cargos diplomáticos para pagar favores” y, como reflejo de la doctrina de la Seguridad Democrática, la diplomacia se manejó más desde el Ministerio de Defensa que desde la Cancillería.
Tickner recuerda que Uribe deja rotas las relaciones con Venezuela y Ecuador, además de un discurso “vacío” en materia de derechos humanos, con violaciones flagrantes como los mal llamados “falsos positivos” (ejecuciones de civiles por militares).
Añade, hubo “un deterioro notable de la institucionalidad democrática y la separación de poderes”, traducida en las denuncias de Uribe contra el Poder Judicial y las presuntas escuchas ilegales a periodistas, activistas y opositores, hechas por la central estatal de inteligencia.