Según estudios internacionales recientes, su uso sería perjudicial dependiendo del tipo de juegos utilizados (contenido) y del tiempo dedicado a ellos.
De acuerdo con Gisnela Cambell, especialista en psicología educativa y aprendizaje, en términos generales lo primero que hay que tomar en cuenta son las diferencias individuales, pues cada niño es diferente.
Reconoce que los videojuegos tienen efectos centrales en la socialización del niño. Por un lado pueden influir en desarrollar un comportamiento agresivo o la forma como se maneja con sus compañeros y otras personas, pues al no interactuar con otros niños y estar siempre expuesto a la televisión o los videojuegos, su comportamiento cambia.
Los niños están comenzando a manipular estos aparatos desde muy pequeños; muchas veces esto empieza cuando se les permite ver mucha televisión y ya para los 6 ó 7 años están muy acostumbrados.
Cambell considera que la exposición a los videojuegos trae como consecuencia rasgos autistas por la falta de interacción con otras personas.
A medida que el niño va creciendo, esa misma trayectoria que lleva a nivel de comunicación, traerá como consecuencia que por ejemplo, si son juegos muy violentos, su forma de interactuar con otros niños puede ser incluso agresiva. Por lo contrario, demasiado pasiva en el caso de los niños que logran interactuar.
Señala que se han hecho estudios internacionales. Por ejemplo, en Estados Unidos se comprobó que independientemente de que si son niños o niñas, mientras más agresivo es el juego, de esa misma forma se manejan con las demás personas.
Así mismo, el pequeño va creciendo con esos efectos que se van marcando en la adolescencia y hasta edad adulta.
Si bien no se puede atribuir directamente que los niveles de violencia de la juventud de hoy sean por la exposición excesiva a los videojuegos, la especialista considera que ésta es una de las razones.
A nivel de adolescencia los jóvenes tienen mucha rebeldía y se manejan diferente. Cuando los niños no tienen interacción a nivel agresivo, lo aprenden a través de los videojuegos y la televisión.
Según la especialista, definitivamente que todo esto trae como consecuencia la agresividad que ellos observan y que la viven en los videojuegos.
Pero no se puede decir tampoco que todos los videojuegos sean negativos, pues cuando los niños son muy pequeños ayudan a su estimulación y coordinación motora, sobre todo psicomotora y esto es bueno. Pero demasiada exposición tiene el riesgo de ser nociva.
Cambell plantea que tanto en la exposición a la televisión como a los videojuegos, todos los extremos son malos.
Decir que un niño no debe ver televisión o prohibirle tener un videojuego, no es correcto, asegura la psicóloga. Pero aclara que no hay que irse a los extremos como dejar que en tiempo de vacaciones, sea lo único que haga.
Recomienda que lo ideal es establecer un punto medio donde el menor participe de los videojuegos y vea televisión, pero bajo la supervisión de los padres, pues éstos deben saber qué ven sus hijos y el tipo de juegos que se les permite.
Sostiene que hay juegos muy fuertes, en los que el tema no sólo es la agresividad, sino que el objetivo es matar y se acostumbran a que eso es normal. Inclusive lo empiezan de manera virtual.
No obstante, hay muchos juegos que son didácticos no importa la edad del niño.
Se aconseja que sean los tres años la edad para iniciar con juegos didácticos, recalcando la importancia de evitar la violencia. Se recomiendan aquéllos que permiten manejar la coordinación, la parte visual y auditiva.
De acuerdo con investigaciones realizadas por especialistas, los videojuegos preferidos son un 32% de violencia fantástica, deportivos 29%, temas generales 20%, violencia humana 17%, educativos 2%.
Los juegos "educativos" reciben una baja valoración por parte de los niños y adolescentes, mientras que los que tienen como tema la violencia ocupan una primera ubicación, con casi un 50 % en el mercado.
Según el análisis de revistas especializadas, el 57% tiene carácter de luchas, peleas o guerras. El otro 43% lo componen juegos de carreras, el fútbol y baloncesto; finalmente otro tipo de diversión neutra.