Algunas víctimas de la mayor tragedia natural vivida en Guatemala este año, el alud que hace una semana arrasó con un asentamiento en El Cambray II y dejó hasta 237 muertos, están convencidas de que ya "es tarde" para encontrar a los posibles responsables de un dolor que una investigación no calmaría.
Esta desazón es la que han explicado varios de los damnificados, que solamente piensan en darle "cristiana sepultura" a sus seres queridos, muchos de ellos aún entre los 300 desaparecidos que dejó la tragedia.

María Luisa, de 28 años, relató su calvario personal, puesto que ella perdió a más de veinte familiares y en este momento cuatro de ellos continúan desaparecidos debajo de las toneladas de tierra que masacraron a esta población, situada en la municipalidad capitalina de Santa Catarina Pinula.
Después de salir de la morgue que las autoridades han instalado para identificar a los muertos, esta mujer contó que desde el pasado jueves asiste cada día para comprobar si sus parientes han sido encontrados, eso sí, "cada vez con menos ánimo".
Perdió a tíos y primos, y para ella ya nada importa. "Ya todo pasó, ya perdimos lo que ya perdimos, y no por gusto. Para mi forma de pensar, ya no sirve de nada (una investigación). Ya se fueron nuestros seres queridos".
Esta mujer, que vivía solo a cinco casas de la zona cero, sostuvo que nadie los avisó del peligro y que ahora "todo ahí quedó".
Decenas de carteles dibujados por niños recuerdan, en la zona donde se amontonan los cadáveres, cómo era El Cambray II antes del infortunio, con imágenes paradisiacas en las que el sol brillaba y la gente se veía feliz, con amplias sonrisas de oreja a oreja.
"Recuerdo", reza un ilustrativo letrero, en alusión a dos pequeños de nombres Daniel y María José, y el cual está firmado por "sus amigos", no identificados.
Unos metros más allá, cuatro niñas acompañadas por dos personas adultas esperan, con un ramo de flores en la mano, poder dar con su profesora muerta, una muchacha que residía en el asentamiento y que ayer mismo fue rescatada.
Continúan los sepelios, tras el deslave en Guatemala
A menos de un kilómetro de la zona de la tragedia se ubica el cementerio municipal, donde trabajadores municipales se han convertido en improvisados sepultureros, un extremo que no les importa, porque todos "somos vecinos" y "las víctimas son nuestros paisanos", cuenta Isaías Profeta Hernández, uno de esos hombres.
Hasta el momento han soterrado a 58 personas y, según dijo, habrá espacio para otros 60, aunque en aldeas cercanas también sería posible enterrar a más fallecidos.
Hernández manifestó la intención de seguir trabajando "hasta que cierren la morgue". Reconoció que es muy duro, pero que dentro del dolor que sienten "es un honor y una satisfacción poder estar sirviendo a nuestros semejantes, a nuestros prójimos, a nuestros vecinos".