Las máquinas llevan días picando los restos de hormigón que quedan en pie en el antiguo World Trade Center.
Cuando concluyan se podrá levantar la Torre de la Libertad, el colosal edificio que se va a construir en el vacío que quedó tras el derrumbe de las Torres Gemelas. Nueva York va cerrando las heridas que abrió el ataque terrorista del 11-S e intenta recuperar su ritmo. Pero 36 meses después, el drama sigue vivo entre los familiares de las víctimas.
"Es la semana más dura del año para nosotros", dice la presidenta de la Asociación de Familias del 11-S, Mary Ellen Salamone. Su marido, John, trabajaba en el piso 104 de la Torre Uno.
"El 11-S está demasiado presente, y mientras siga ahí todos los días, no podremos avanzar", advierte Salamone recordando con tristeza los atentados de Madrid o la matanza en la escuela rusa de Beslán.
Por eso, muchos familiares del 11-S optaron por dejar Nueva York y mudarse hacia otros puntos del país, donde no son bombardeados con información.
El dolor también ha provocado que muchas parejas hayan roto durante estos tres largos años.
Las tragedias de Atocha y de Beslán no han hecho más que impregnar el ambiente de inestabilidad. Esto explica que la mitad de los familiares de las víctimas, según los estudios, lleven tres años sin dormir bien.