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Vieja prisión británica será la tumba del líder


Cada viernes, Arafat cruzaba desde su oficina en la Mukata hasta el edificio colindante, donde se improvisó una mezquita, acompañado de su fiel escolta, con desaliñados uniformes y cada uno calzado a su manera, para orar en el día sagrado musulmán.
La Mukata, la vieja prisión del imperio colonial británico se ha convertido en símbolo de la resistencia palestina por albergar a un recluso que, críticas aparte, ha sido el máximo responsable de la lucha de los palestinos contra Israel en el siglo XX y el único que supo capitalizar el descontento palestino y llenar de contenido sus sentimientos.
El interior de las llamadas oficinas de Arafat que, en realidad eran su prisión-residencia, destilaban siempre olor a hombre, a tabaco, a rancia suciedad y a total descuido de los que se saben asediados y casi derrotados.
Unicamente una sala con una larga mesa de reuniones confería cierta nobleza a las oficinas, donde recibía Arafat a los pocos líderes internacionales que se atrevían a contrariar a Israel.
Parte del escenario de la Mukata lo formaba su asesor personal, el enigmático, Nabil Abú Rudaina, conocedor de los secretos íntimos del presidente palestino, del que no se separó un solo momento en su larga reclusión.
Rudaina le susurraba incluso al presidente en sus apariciones públicas. Le informaba cuando al viejo líder le fallaba la memoria. La Mukata está hoy vacía, lejana y sola.


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174725
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América