Un cuarto de la población panameña podría estarse automedicando con analgésicos o medicamentos para el dolor que son de libre venta.
Estadísticas del Ministerio de Salud indican que el 5% de las personas atendidas podría estar haciendo uso indebido de este tipo de medicamentos, sin medir los riesgos para la salud.
Sucede que las personas no utilizan racionalmente las drogas de libre venta, mientras que los especialistas de la salud recalcan que hasta el medicamento menos inocuo puede causar efectos adversos en el hígado.
Se trata de una tendencia mundial el hecho de que cada vez las personas tiendan a automedicarse y Panamá no es la excepción, ya que la accesibilidad a los medicamentos podría resultar un arma de doble filo.
El acetaminofén, por ejemplo, se suministra cuando se presenta fiebre, o luego de una intervención quirúrgica para mitigar el dolor.
Las presentaciones más comunes dentro de este grupo, las cuales son buscadas en las farmacias por su popularidad son el tylenol, la panadol, por su accesibilidad y económicos precios.
Asimismo, existe un segundo grupo que tampoco requiere de prescripción médica para adquirirlo. Se trata de los antiinflamatorios como el ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno y motrín.
El tercer grupo se le conoce como analgésicos narcóticos, los que se utilizan generalmente después de cirugías post operatorias, los cuales si requieren de una receta médica para poder tomarlos, puesto que su delicado consumo podría crear una farmacodependencia en quienes lo toman.
La especialista indicó que cuando el cuerpo se acostumbra a consumir medicamentos por el mínimo dolor que la persona padezca, a la larga esos analgésicos de uso popular pueden provocarle daños al hígado, lo que se conoce como hepatoxicidad.
Velasco indicó que igualmente actúa el ibuprofeno en el estómago y en todo el sistema digestivo.
Uno de los padecimientos son las molestias gastrointestinales y a la larga, su uso prolongado puede provocar una úlcera.
La Jefa del Departamento de Farmacia del Complejo de la CSS manifestó que el abuso de los medicamentos puede hacer que una persona llegue a un punto en el que el organismo deje de sentir alivio al consumirlos, porque el producto no tiene efectos en el organismo.
Así se estipula en Ley 1 del 10 de enero de 2001 (Capítulo. 3, artículo 90).