Nación

Acuarelas de la ciudad de Panamá

"Cada pintura va acompañada de una explicación de nuestra vieja ciudad, porque quiero presentarla tal y como era antes".


A parte de la muerte, no se conoce de otras dificultades que puedan detener la determinación humana. Hay personas que sin manos manejan automóviles, son herreros o tocan guitarras, así como ciegos que aprenden a tejer hamacas y a leer.
Rolando De La Cruz es un ejemplo parecido y con una experiencia espiritual que lo caracteriza. Él fue atropellado en 1990 por un vehículo en la localidad de San Carlos (en el Higo, su pueblo natal), cuando viajaba en una bicicleta. El golpe le lesionó la columna y por poco pierde sus brazos.
A raíz de este accidente, el cual lo dejó parapléjico por espacio de cuatro meses, buscó ayuda para caminar a través de la oración a Dios y para sentirse útil mediante un oficio.
"Un día me sentí inspirado para pintar y gracias a una petición hecha a Dios, se me concedió caminar y también este don para trabajar. Ahora tengo cinco años de estar laborando en el Paseo Esteban Huertas y siento que llevo una vida normal", dice el artista.
Apesar de que sabe de antemano que corre el riesgo de que se le amputen las extremidades con cualquier fractura que sufra, el no se intimida por ello. Y cada día le pide a Dios que le permita continuar con esta ocupación, dentro de un horario de 7: 00 de la mañana hasta las 5: 00 de la tarde.
Sus colecciones artísticas le dan un toque diferente a la entrada de este histórico paseo, característico por los accesorios artesanales que saltan a la vista y la presencia de indígenas con sus vestimentas autóctonas que son los preferidos de los turistas que allí caminan.
Desde el frío y áspero piso donde cientos de turistas recorren la plaza para contemplar la panorámica de la ciudad, puede contemplarse la humilde creación de De La Cruz que es acariciada por la brisa y el salitre del mar.


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219302
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América