Washington.- Estados Unidos y Panamá podrían estar listos para firmar en agosto o septiembre un acuerdo en apoyo del Plan Estratégico de Seguridad del gobierno de Mireya Moscoso, según fuentes oficiales de esta capital.
Después de meses de reserva que rodearon a las gestiones que los funcionarios esperan llegue a crear una "nueva relación" entre los dos países después de la transferencia del Canal, éstos consideran que "se vislumbra una luz", especialmente en lo que concierne a un mayor apoyo por parte de Washington a la lucha antidrogas, según indicaron funcionarios de ambos gobiernos al corresponsal de El Panamá América.
Esta es la segunda vez en pocas semanas que funcionarios del departamento de Estado y otras agencias adoptan un tono más positivo hacia las gestiones bilaterales después de varios meses de críticas solapadas al lento ritmo de las gestiones bilaterales en los campos de seguridad, comercio, administracion de la ley y desarrollo social.
A comienzos del mes, fue el propio Peter Romero, secretario adjunto de Estado en función para Asuntos Hemisféricos, quien reconoció "un buen progreso" realizado por el grupo de trabajo a cargo de los problemas de seguridad que recién había regresado de Panamá.
Algo que también alimenta esta actitud más positiva es el hecho de que ni Panamá ni Washington han permitido, hasa ahora, que el controvertido tema de la limpieza de los polígonos interfiera con el buen progreso de las gestiones bilaterales iniciadas por una reunión a nivel ministerial realizada en Washington en noviembre.
Esto se advierte a través de la cautela con que ambos manejan la información de los estudios técnicos que se están realizando actualmente y que coordina una prestigiosa firma de abogados de esta ciudad, Arnold & Porter, en nombre del gobierno panameño, y que está en constante contacto con el embajador de Panamá, Guillermo Ford.
Después de realizar una serie de consultas con Romero y otros funcionarios del departamento de Estado, Ford tiene planeado viajar a Panamá este fin de semana para informar de cómo Washington está reaccionando ante el progreso realizado durante las últimas gestiones celebradas en Panamá.
Según fuentes del departamento, la primera etapa en la ejecución del plan de seguridad sería la firma de un tratado de cooperación en el ámbito marítimo, al igual que los convenios que Estados Unidos ha completado con Costa Rica y, más recientemente, Honduras, que permiten maniobras y operaciones conjuntas, dijeron las fuentes a El Panamá América.
"No sería sorprendente si las negociaciones para este acuerdo se completaran este otoño," señaló un funcionario compenetrado del tema, aunque dejó abierta la posibilidad de que el gobierno del presidente Bill Clinton dejara pasar el acto de la firma a su sucesor para después de las elecciones de noviembre, como una cortesía en el ámbito de política interna.
De cualquier manera, se espera que el subsecretario Romero haga una visita a Panamá dentro de pocos meses, "si el ritmo de las gestiones sigue como ahora," estimó una fuente oficial.
El nuevo ímpetu que se ha dado al tema de la seguridad no sólo obedece al hecho de que el ministro de Gobierno panameño, Winston Spadafora, ha proporcionado nuevos datos de los requerimientos panameños en este rubro, sino también al hecho de que el gobierno de Clinton se ha visto en la necesidad de dar un mayor perfil a la lucha contra el narcotráfico en esta temporada electoral, dicen los funcionarios.
Los líderes Republicanos, especialmente los sectores más derechistas del Congreso, vienen insistiendo en que con la devolución del Canal y el retiro de las bases militares , el gobierno Demócrata ha dejado vulnerable a Panamá con un corredor para la droga colombiana que, según ellos, es el más peligroso para el tráfico y, al mismo tiempo, el más desprotegido
Este grupo hace lo posible para convertir en lema electoral sus acusaciones de que Clinton ha sido "blando" ante el peligro del narcotráfico puedan contribuir a la elección del candidato Republicano George W. Bush.
Para el general (retirado) Barry McCaffrey, el "zar antidrogas" de Estados Unidos, esta nueva coyuntura política viene como caída del cielo, y la ha sabido aprovechar.
Durante recientes viajes a Sudamérica, el ex jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos alarmó de tal manera a los gobiernos de Argentina, Brasil y Chile, que últimamente están tomando medidas más decisivas tanto en el ámbito interno, o sea contra el consumo, así como para reducir el tránsito.
El caso más reciente es el de la Argentina, cuyo presidente, Fernando de la Rúa, tuvo una reunión imprevista con McCaffrey, quien le instó de la necesidad de instalar una red de radares para apoyar la tarea de interdicción del comercio de drogas ilegales.
La ausencia de un sistema nacional de radares y ciertos problemas para el control en aeropuertos fueron dos temas que figuraron como preocupaciones del departamento de Estado en el capítulo sobre la Argentina en el último informe de lucha contra drogas, que subraya el problema del tráfico de heroína que llega con pasajeros (mulas) que parten del Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en Buenos Aires.
También el presidente Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, invocó la amenaza del narcotráfico como una razón para estrechar la vigilancia de las extensas fronteras que ese país tiene con Argentina, Colombia, Perú, Ecuador , Paraguay, Uruguay, Venezuela y Surinam.
Brasil ya tiene una red de radares sobre la región amazónica, instalada por la compañía estadounidense Raytheon, con un costo estimado por lo menos en 2,000 millones de dólares.