Globos, peluches, rosas y una pancartas que daba la bienvenida a Adara fueron los mejores elementos escogidos para el recibimiento de la pequeña. Este se lo ofrecían sus familiares, entre los que se encontraban sus abuelos, paternos y maternos, tíos y primos, en quienes era evidente la emoción por el reencuentro.
"Estoy emocionadisima, no encontraba el momento de llegar a Panamá con mi hija sana", fueron las primeras palabras de una Martha Lucía que en cada gesto y cada expresión manifestaba la felicidad y el orgullo del éxito logrado.
Con las lágrimas a punto de salir, Martha Lucía agradeció a Dios y a todos los panameños que han seguido el caso, “le han dado especialidad a mi hija, le han dado apoyo y han estado siempre allí”.
Relató que Adara, cuyas mejillas evidencian las más de cinco libras de peso alcanzados tras la operación, así como también su nuevo y radiante color de piel, está estable, pero, debido a la delicada operación que se le practicó, debe recibir cuidados especiales. "También tengo que dejárselo a Dios, porque es bastante difícil la tarea.
Debido a los medicamentos que la pequeña está tomando, sus defensas están muy bajas, por lo que cualquier virus que le afecte puede ser letal para ella.
Por su parte, Rodolfo Henríquez, dijo sentirse muy afortunados por la respuesta recibida por todos los panameños y estar de vuelta después de todos los momentos difíciles que han vívido.
Recordó los días previos a la operación cuando la mayor inquietud era si Adara llegaría al día siguiente, a la semana siguiente o surgiría alguna otra complicación.
Ahora muy optimistas, dicen dar gracias a Dios y a la Virgen, a quienes se han apegado y a quienes deben el milagro de "tener a nuestra niña sana y estable". Saben que el camino a seguir es extenso, pues los cuidados son muchos, pero continuarán con la misma fuerza y fe demostrada hasta hoy.
A los cuatro meses de nacida Adara Lucía fue diagnosticada con atresia extra hepática, una malformación congénita que obligaba a practicarle un transplante de hígado.
Para este transplante, realizado en el Boston Children Hospital, a Martha Lucía se le extrajo un lóbulo de su hígado que fue injertado a su pequeña
Maybett de Quirós, tía de Adara, explicó que la pequeña deberá viajar nuevamente a Boston en el mes de febrero para una revisión. No obstante, indicó que será necesario amortiguar la deuda de la operación, cuyos gastos totales superaron los 400 mil balboas, para mantener abiertas las puertas del hospital.
Señaló tras la llegada de los Henríquez, la familia planeará las nuevas estrategias para continuar con la consecución de fondos y la menor pueda seguir siendo atendida en el hospital estadounidense.
Hoy, el panameño mantiene contactos con sus compañeros de tragedia, los que también fueron liberados meses después. Para Pérez, el aspecto psicológico es el más duro que se vive dentro de una situación de secuestro, pues la víctima es alejada de su familia, de los seres que más adora: hijos, esposa, padres, hermanos, que es una parte muy importante para todo ser humano.
Aunado a ello, estaban siempre vigilados, situación que se convirtió en una "presión psicológica", pues aunque no eran amenazados con las armas, "su sola presencia armada y su vigilancia constante, ya era una intimidación".
La custodia de los secuestrados la realizaban entre 16 y 20 guerrilleros. "Generalmente, se trataba de niños y niñas de 12 años en adelante; campesinos de una cultura muy baja, que no saben ni leer ni escribir, pero que ya manejan un fusil".
Para romper con el tedio y liberar las tensiones, el grupo se las ingenió para fabricar juegos, entre ellos de ajedrez, "que tallábamos de alguna manera con piedras o cualquier otro elemento que encontráramos". Igualmente, hablaban sobre ellos mismos, sus familiares y lo que para cada uno representaba la experiencia que estaban viviendo. "Así aprendimos a conocernos".
También leían mucho los libros que les proporcionaron los propios irregulares cuatro o cinco meses después del secuestro. La primera Biblia que llegó a sus manos, recuerda, la tuvo a los seis meses de cautiverio. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), segundo grupo guerrillero de Colombia con unos 5 mil hombres en armas, "lucha por construir un nuevo país donde la paz y el desarrollo sea producto de la democracia participativa, la justicia social y el respeto de la dignidad humana, asegura la organización en su página oficial en Internet.
Se autoproclama como una organización insurgente, de carácter político-militar, surgida el 4 de julio de 1964 como rechazo al poder imperante y respuesta a la situación política, económica y social imperante, en ese entonces.
Plantea la diferencia entre secuestro y retención, señalando que en el primero de los casos es cuando se le quita la libertad a alguien, no se sabe cuál es el fin ni quién lo secuestra. En este caso el ELN retiene a la persona como contribución social y militar y si la persona accede a pagar el impuesto, pues, "cedemos".
No obstante, esto no fue impedimento para continuar su lucha. Lucha que llevó a la Sra. Idalia de Pérez, esposa de Nicolás, a realizar constantes viajes a Colombia, donde se reunió con los familiares de los demás secuestrados, con autoridades de gobierno y organizaciones civiles que apoyan a víctimas de este flagelo.
Durante sus viajes, la Sra. Idalia envió mensajes a su esposo, "sin siquiera saber si él los escuchaba", a través de un programa de Radio Santander, emisora en Bucaramanga que daba esta oportunidad a los familiares de secuestrados.
"Una noche un compañero estaba escuchando la radio y al sintonizar la emisora escuchó a su familiar y nos llamó a gritos y fue cuando por primera vez escuché a mi señora hablando. Cuando escuchas algo así, te reanimas, te levanta el ánimo. Todos quedamos tan alegres", relató emocionado. Eso ocurrió como 20 ó 25 días después del secuestro.
La señora Idalia también recordó su participación en el programa "La Voz del Secuestrado", transmitido por Radio Caracol Colombia. "Yo llamaba los domingos a las 6:00 de la tarde y me identificaba, decía que hablaba desde Panamá". Entonces, ellos grababan su mensaje que era emitido en horas de la madrugada.
Hoy, Pérez da "gracias a Dios", pues sabe que tiene una "mujer muy fuerte", y dos hijos, que aunque uno tenía apenas 13 años, "supieron sobrellevar la situación y ayudar a la madre para que no fueran tan afectados psicológicamente". Para Nicolás Pérez y su familia la pesadilla terminó 14 meses después cuando fue liberado por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en las selvas colombianas de la sierra de San Lucas, gracias a la gestión del entonces defensor del Pueblo, Italo Antinori, quien personalmente viajó hasta el poblado de La Chata, al norte de Antioquia, para recibirlo del comandante del ELN, Pablo Beltrán.
En sus primeras declaraciones a su llegada al aeropuerto de Albrook, Pérez dijo que sentía una emoción muy grande por haber vuelto a su país después de 14 meses. "¡Dios mío! Esto no se lo deseo a nadie, es algo muy difícil", sentenció.
Además de agradecer al pueblo colombiano y al gobierno de ese país por haber cooperado para lograr su liberación, el panameño rogó a Dios porque estos hechos no se registren en Panamá, ya que en Colombia tienen la "cultura de la muerte", a tal punto que cuando ocurre un secuestro o un asesinato, para ellos es un caso más. "Los colombianos viven esta situación y tienen que seguir sobrellevándola".
Sin embargo, hoy ve con preocupación ciertos actos de violencia que se registran en "nuestro país", pues muchos de los hechos registrados en Colombia se están trasladando a Panamá, porque somos los más cercanos a ellos. Tras su llegada a Panamá, la familia Pérez fue atendida por una psiquiatra, que los evaluó por aproximadamente un año. Después de ese periodo todos fueron dados de "alta".
Aunque tiene un trabajo similar al que realizaba cuando fue secuestrado, que lo obliga a realizar constantes viajes, Nicolás Pérez asegura que éstos no son a Colombia, ni tienen la misma frecuencia. "Ya no visitamos Colombia, eso sí, pues este país ya quedó en segundo término", manifestó.
Sin embargo, en febrero del 2001, casi un año después de su liberación, visitó una feria de calzados en Bogotá. Pese a la oposición de toda su familia y a su propio nerviosismo, el panameño recuerda que "cuando bajé del avión, lo hice tranquilo, pasé Migración, Aduanas, fui al hotel, visité a algunos clientes y amigos" y posteriormente se trasladó a Medellín.
Hoy considera que manejó la situación con bastante normalidad, incluso él mismo se sintió sorprendido, pues "su experiencia fue horrorosa". Pero esto no quiere decir que va a volver a la misma rutina o a querer tentar a su suerte, "porque no vale la pena".
Esta experiencia le demostró, de cierta manera, que tanto él como su familia ya superaron el trauma, pero reconoce que esto tarda mucho, porque son muchas las heridas que hay que cerrar.