No son células terroristas, sino simpatizantes de grupos fundamentalistas a quienes el Departamento de Estado de los Estados Unidos (EU) observó en la Zona Libre de Colón, reiteró ayer el encargado de Negocios de la embajada norteamericana en Panamá, Frederic Becker.
Becker negó categóricamente que un reciente informe elaborado por el Departamento de Estado de su país sobre la presencia de terroristas en Latinoamérica se haya referido a la permanencia en Panamá, específicamente en la Zona Libre. Aclaró que estos simpatizantes no realizan ninguna actividad que contravenga la ley panameña o que apoye de manera palpable a los movimientos terroristas.
Expresó que tanto EU como Panamá están conscientes de la presencia de estos "simpatizantes", aunque reconoció que en una democracia cualquier persona puede manifestar su opinión sin violar la ley. "Es una de las características positivas de la democracia", acotó.
En cuanto a los avances para el saneamiento de la isla de San José, donde se comprobó la presencia de armas químicas utilizadas en pruebas por el Ejército norteamericano, expresó que ya están en la etapa final del plan de ayuda que servirá para descontaminar el área.
Becker habló específicamente de siete armas químicas que fueron encontradas y reiteró que el compromiso de su país con la presidenta Mireya Moscoso fue el de solucionar el problema de la contaminación de la isla de San José "como socios y amigos".
El representante de la embajada de EU en Panamá, cuya salida está próxima, indicó recientemente que sólo se limitarán al saneamiento de la isla de San José.
Agregó que ese entonces su país había cumplido con los compromisos establecidos en los Tratados Torrijos-Carter para el saneamiento de los otros campos de tiro utilizados por el Ejército estadounidense acantonado en el Istmo hasta 1999.
Ambas naciones mantienen un litigio internacional sobre la responsabilidad para la limpieza de los polígonos de tiro y bases militares que aún continúan contaminadas por armas químicas y convencionales.
En la población indígena en su conjunto, el analfabetismo es de 53.6%.
Las personas residentes en la capital recibían en el año 2000 un ingreso promedio anual de B/. 3,350 dólares por persona y en Colón B/. 2,151. Pero los ingresos de los panameños disminuyen drásticamente en el interior.
Darién es otro ejemplo típico, pues los residentes de esta provincia tienen un ingreso anual promedio de sólo B/. 934 por persona. En Bocas del Toro el ingreso anual promedio por persona es de B/. 1,171; en Veragüas B/. 1,224; en Coclé B/. 1,257 y en Chiriquí B/. 1,730.
En tanto, en Herrera se percibe un promedio de B/. 1,756 anuales por persona y en Los Santos B/. 1,849.
Según el documento del PNUD, en Panamá hay un total de 1,131,439 pobres, de los cuales 723,031 viven en regiones rurales e indígenas, que representan un 63.9%.
Del total de personas pobres en el país hay 741,612 panameños que viven en la pobreza extrema, y 547,762 -el 64.7% de ellas- residen en áreas rurales e indígenas.
Mientras tanto, 214,558 de los panameños de lugares urbanos están en la pobreza no extrema, al igual que 175,269 residentes en áreas rurales e indígenas, representando este último sector el 43%.
Sin embargo, las condiciones de pobreza más alarmante se registran en las comarcas indígenas. El 90% de los 151,647 residentes en esos lugares están en la pobreza extrema, es decir unos 136,040 indígenas. Mientras que 7,296 de los habitantes de las comarcas (4.8%) están en la pobreza no extrema.
Sólo el 5.2% de los residentes en las comarcas no son pobres, y en su mayoría no son indígenas.
Obviamente los indígenas perciben menos ingresos que el resto de los panameños. Los ngöbe recibían en el año 2000 un promedio de B/. 141 anuales por persona, los kuna B/. 399, los emberá B/. 413, los wargandi B/. 595 y los madungandi B/. 980.
Pero no solamente los recursos económicos se concentran en el capital, también las decisiones políticas.
El sociólogo Leis, también director del Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA), indicó que en hay una alta concentración político-administrativa en la ciudad de Panamá. "Tenemos un récord: Panamá es el país más centralista de América Latina, porque apenas el 2% del Presupuesto General de la Nación es destinado a los municipios y la mitad de eso va a parar al Municipio de Panamá", dijo el sociólogo.
"Como no va haber pobreza en el campo, si el 1% del presupuesto de la Nación se divide en los restantes 74 municipios del país... eso da vergüenza, porque es el único país de Latinoamérica en que pasa eso", añadió
Las decisiones económicas y políticas, los medios de comunicación... todo está en la ciudad capital. Además, el 60% de los municipios son subsidiados con los pocos recursos que el Gobierno les destina a esas entidades, porque no tienen capacidad para generar sus propios recursos.
Como la mayoría de los alcaldes y representantes del interior no tienen funciones -porque no tienen recursos- quedan reducidos a autoridades de policía, y por eso la comunidad los rechaza.
El campo está olvidado y en con este, el 42% de sus residentes, afirmó Leis.
La mala distribución de las riquezas, y la desigual generación de estas, es una prueba de que el modelo de desarrollo económico de Panamá fracasó. Y esto ha causado una extensa brecha entre el campo y la ciudad, consideró el director de CEASPA.
"Fracasó porque en el campo hay problema de tenencia de tierra, falta infraestructura, hay ausencia de caminos, baja comercialización y poco acceso al crédito para el campesino... en conclusión tenemos un campo abandonado", insistió Leis.
Explicó que los campesinos pobres no son sujeto de crédito, ni estatal ni privado, principalmente porque el 70% de ellos no tiene sus tierras tituladas, lo cual sería la única garantía para acceder a financiamiento. Ante esta situación, al campesino no le queda otra que pedirle al agiotista.
Aunque se habla mucho de producción de rubros no tradicionales, el campesino pobre sigue cultivando otoe, yuca, arroz y maíz, entre otros productos convencionales, y cuando cosecha no tiene medios para comercializarlo.
El director de CEASPA puso como ejemplo que en Darién un ciento de plátano es vendido a B/. 1.00, y en la ciudad cuesta B/. 12.50.
Si ese campesino tuviera los recursos para transportar su producto hasta la capital obtendría más ingresos, pero como no puede, tiene que venderlo a un intermediario, y éste a otros, hasta que finalmente aquí -en la capital- se venden dos plátanos por 25 centésimos.
Todas estas condiciones adversas, han provocado que el 50% de los residentes en el campo ya no se dediquen a la agricultura, es decir, "la mitad de los campesinos, ya no son campesinos, ahora arreglan llantas, son funcionarios públicos o cuidan casas".
Actualmente hay un cambio en la composición del campesinado panameño, concluyó Leis. La gente del interior empieza a abandonar la agricultura y cuando deja de trabajar la tierra es más fácil ir a la ciudad, en busca de mejores oportunidades.
(Primera de dos entregas)
Adeptos de grupos fundamentalistas en Panamá
El encargado de Negocios de EU en este país, Frederic Becker negó que haya células terroristas.