El último de los célebres debates, que al final fue llamado "medio debate" por la ausencia de dos de los cuatro candidatos a la Presidencia, transcurrió con calma y diplomacia.
En los estudios de Canal 5, minutos previos a la transmisión, Ricardo Martinelli mantenía una postura recta y un gesto adusto, en tanto que José Miguel Alemán repasaba sus numerosas anotaciones.
Los colaboradores de parte y parte esperaban. Unos en un saloncito climatizado y otros en las afueras de la televisora. Samuel Lewis Navarro, Carlos Raúl Piad, Roxana Méndez, entre otros, miraban en silencio los monitores de televisión.
El tema inicial que se abordó fue la agroindustria. Martinelli, el primero en turno, alegó que el Tratado de Libre Comercio (TLC) debía tratarse con prudencia.
Abogó por mejores vías de acceso, créditos y asistencia técnica a los productores, renegociación de la energía eléctrica y las bondades de la eliminación del impuesto al combustible.
La "flexibilización" del Código de Trabajo para los microempresarios es esencial para el candidato de Cambio Democrático (CD). En su opinión, la actual legislación es aplicada a grandes y pequeñas empresas por igual, afectando a éstas últimas.
José Miguel Alemán se declaró amigo de los agropecuarios y expuso sus propuestas de aumentar la agroexportación, los sistemas de riego y eliminar la burocracia en los trámites crediticios.
El tema de seguridad fue el que siguió en la palestra. Martinelli, quien se autoproclamó el David contra los Goliats (partidos tradicionales) atribuyó este problema a la falta de empleos.
Siete elementos deben ser fundamentales en una comunidad, según Alemán: centros de salud, escuelas, una educación adecuada, agua, viviendas dignas, vías transitables y electrificación.
Los dos candidatos coincidieron en la necesidad de aumentar el salario a los policías y Martinelli habló incluso de crear una comunidad policial, para que los hijos de los agentes no vivan entre los delincuentes.
Al tratarse la problemática del transporte, ambos candidatos vieron la solución en los modelos implementados en Curitiba, Brasil; y Bogotá, Colombia. Aseguraron que los transportistas serían socios del sistema de transporte.
"Panamá está atrasada 40 años en educación", expresó por otra parte el candidato Ricardo Martinelli. "Se nos enseña a ser esclavos", continuó diciendo, además de recalcar la importancia del aprendizaje del inglés.
"Thank you very much", interrumpió Fray Manuel Blanquer, arrancando carcajadas en el hasta entonces taciturno "público", quien ya empezaba a evidenciar cansancio y sueño por lo avanzado de la hora.
El cierre de este conversatorio por parte de Martinelli apeló a la emoción de los electores.
Indicó que nadie cree que los políticos les van a dar algo, cuando a lo que están acostumbrados es a quitarles cosas al pueblo.
"El que se coja un real debe ir preso", puntualizó, a la vez que invitaba a los panameños a ser sus aliados estratégicos en la lucha contra los "Goliats" que no pueden solucionar los problemas que ellos mismos crearon.
Alemán refrescó sus logros como canciller, la Ley del Primer Empleo y el banco de la micro empresa, y prometió el castigo para los corruptos, incluso los del sector gubernamental.
Un abrazo y palmaditas en la espalda fue la despedida de estos dos hombres que cifran su esperanza en obtener los votos necesarios para ocupar la silla presidencial.
Afuera, sus copartidarios comentaban la transmisión y los representante de los medios de comunicación social esperaban por sus declaraciones.
Ricardo Martinelli fue el primero en salir y dar su opinión del debate, cuando más embebido estaba en sus respuestas, nutridos aplausos anunciaban la salida de José Miguel Alemán.
"Me engañaron, pensé que los aplausos eran para mí", bromeó Martinelli, antes de cederle la atención de los periodistas a Alemán.