La delincuencia está rebasando a la Policía, reconoció ayer el ministro de Gobierno y Justicia, Dilio Arcia, tras la muerte del director del Instituto Nacional de Cultura, Anel Omar Rodríguez, y de un agente de seguridad, durante un intento de robo a un camión blindado.
Esta declaración surge por las armas de guerra usadas por los delincuentes para cometer ilícitos, en contraste con las armas utilizadas por los agentes policiales.
Pero, Arcia subrayó que se han hecho fuertes inversiones para dotar de equipo adecuado a la Policía, pero la situación es difícil, expresó.
Los hechos.
A las 7:30 a.m. un delincuente atravesó la calle 31 en Avenida Perú. Él llevaba en la mano un peluche de Garfield, donde escondía el arma. Caminó con dirección al camión blindado, estacionado en una de las puertas laterales de la Lotería Nacional y le propinó un disparo en la espalda al seguridad Samuel Monroy, de 52 años.
Todo para robar el botín de más de B/ 70 mil, custodiado por los agentes de seguridad de la empresa Transporte Blindados.
Luego, cuatro de sus secuaces arribaron a la escena para acorralar a punta de AK-47 a los guardias de seguridad que protegían el dinero.
En el momento del combate entre agentes y delincuentes, Rodríguez transitaba por la calle 31, rumbo al Hotel San Remo, donde despediría a una delegación cubana, que había realizado una obra de teatro en Panamá.
Al observar lo que ocurría corrió para protegerse tras su camioneta, pero fue inútil, su cuerpo se desplomó en una acera al recibir impactos de bala en el tórax y en el antebrazo.
Los agentes lograron defender con éxito el dinero, hirieron a dos de los cinco delincuentes, pero no pudieron evitar la muerte de Rodríguez y de Monroy.
Además, el seguridad Bartolomé Morán también resultó herido. Tras el tiroteo los guardias de seguridad llevaron a Monroy y a Morán al Hospital Santo Tomás, en el mismo camión blindado, y con el dinero en él, pero Monroy no sobrevivió.
Consternación.
"Mi papito, mi papito dónde está", preguntaba sollozando la hija de Rodríguez, al llegar a la escena del crimen. Uno de sus hermanos le dio la dolorosa noticia.
"Mi papito era bueno, por qué a él", repetía la joven.
Los hijos del funcionario se negaban a creer que producto de la delincuencia que se vive en el país, su padre terminó asesinado injustamente.
La impotencia de la familia del occiso era evidente, ante la mirada de los curiosos que rodeaban el área que.
Minutos más tarde llegó al lugar el presidente Martín Torrijos, quien no pudo contener su dolor y se aferró desconsolado a los familiares de Rodríguez, quien era su amigo y copartidario.