Quienes lo conocieron y trabajaron directamente con él, lo describen como un hombre incansable que animaba a los laicos comprometidos para que siguieran adelante con las pastorales.
Juan McKay, del Movimiento Ciudadano Anticorrupción, era uno de los feligreses que se encontraban la noche del pasado domingo esperando que monseñor Altafulla oficiara la misa de las 6:00 de la tarde en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.
McKay, quien se encontraba con sus hijas, recuerda que la iglesia estaba llena y a eso de las 6:10 entró una señora muy agitada solicitando urgentemente un médico entre los presentes. Como era de esperar, señala, esto causó mucho nerviosismo.
Posteriormente, recuerda, alguien gritó "hay un ladrón", provocando que muchos corrieran hacia la salida del templo. En ese momento se les pidió a los feligreses mantener la calma y se informó que aparentemente un ladrón se había metido en la oficina de monseñor.
"Su oficina está trancada y no se sabe, vamos a rezar por la salud de Monseñor y esperamos que esté bien", dijo alguien en medio de la confusión. Luego se conocería la fatal noticia, que provocaría el llanto de hombres y mujeres.
Para McKay, la situación no fue bien manejada porque se provocó pánico. Señaló que aparentemente la puerta de la sala donde los sacerdotes descansan estaba trancada y hubo que derribarla. La primera versión que se dio es que monseñor había recibido unos tiros, luego que había recibido una puñalada en el cuello. En ese momento, los presentes rezaban un rosario en la espera de un nuevo anuncio.
Indicó que obviamente la persona que acabó con la vida del padre Altafulla tuvo el tiempo necesario para trancar la puerta. Según su impresión, la persona que entró con monseñor tuvo que ser alguien que él conocía. Dijo que la teoría de que el agresor pidió ser confesado, no tiene sentido, porque "monseñor no va a atender a alguien para confesarlo antes de realizarse la misa, siendo alguien tan puntual".
Por otro lado, Abdiel Toribio, quien conoció a Altafulla por haber trabajado durante muchos años en la Iglesia Cristo Redentor, en San Miguelito, lo describió como una gran persona que contribuyó a engrandecer y fortalecer la comunidad parroquial de Cristo Redentor.
En nombre de los feligreses de esa parroquia, lamentó la muerte de monseñor Altafulla, pero aún más por la forma en que se perdió una vida consagrada a Dios.
En su opinión, él no merecía ese fatal desenlace. Señaló que no cree que haya tenido enemigos, porque fue una persona que se caracterizó por ayudar y colaborar con la gente y realmente sensibilizarse por el ser humano, sobre todo con los más necesitados.
Para Toribio, la muerte de monseñor Altafulla es consecuencia de la pérdida de valores que hoy en día se da en la sociedad panameña, producto de cómo algunos medios manejan los temas humanos, con mucha insensibilidad, y sin vender una cultura de paz.
En San Miguelito, Altafulla promovió casi todas las pastorales (carcelaria, social, enfermos, entre otras), indicó Toribio. Uno de sus logros fue impulsar el movimiento Neocatecumenal en Cristo Redentor, es decir, la manera de compartir todos juntos en comunidad, recalcando los valores.
El entrevistado recordó que el sacerdote era muy estricto con el horario. "Si a las 7:00 de la noche se empezaba, él iniciaba la celebración a esa hora", recalcó.
"Era una persona que aunque se veía muy seria y con un carácter muy fuerte, era muy sensible", destacó. Dentro de su trabajo físico en la Iglesia Cristo Redentor se logró la culminación de los edificios donde hoy se encuentran las oficinas parroquiales del templo. Tanto es así que uno de los salones parroquiales lleva hoy su nombre.
Carlos Abad, amigo del padre Altafulla desde la infancia, recordó momentos en que compartieron juntos en el barrio de San Felipe donde ambos crecieron. Altafulla nació en ese barrio, específicamente en la casa conocida como "La Logia", al lado del Hotel Colonial. Fue monaguillo en la Iglesia de San Francisco y su padre, Jorge Altafulla, laboraba en "La Estrella de Panamá". Tenía tres hermanos y dos hermanas.
Con lágrimas en los ojos, Abad dijo que desde que se conocieron en la infancia era una persona que nunca dio motivos para nada, andaba con la muchachada jugando. Según Abad, la persona que ultimó al padre fue directamente al salón donde se encontraba y tocó la puerta. Esta versión fue apoyada por varios feligreses.
Todos coinciden en que el lugar es muy inseguro y que cualquier persona puede entrar y toparse al sacerdote en el pasillo y abordarlo. De hecho, en muchas ocasiones, al momento de recogerse las ofrendas han llegado desconocidos a robarla en plena celebración de la Eucaristía.
Otra que conoció al sacerdote cuando trabajaba en el Seminario Mayor San José es Isolia Coronado. Para ella, Altafulla fue una persona muy activa, sus mensajes iban dirigidos a fortalecer el espíritu de sus feligreses.
Sobre la seguridad en la iglesia, señaló que se podía entrar hasta la oficina, y regularmente era difícil entrar hasta sus habitaciones, a no ser que fuera un conocido.
Stashell Charpentier es miembro del grupo juvenil Tepellac de la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe y desde hace 25 años ha trabajado en ella. El recuerda que la primera ocasión en que Altafulla fue nombrado párroco de Nuestra Señora de Guadalupe se dedicó a promover la vida en comunidad y ferias familiares, con el objetivo de ampliar la parroquia.
Su trabajo era encaminado a la evangelización, a que las diferentes pastorales se dedicaran de lleno a anunciar el evangelio. No tenía preferencias por ninguna pastoral en especial.
Coincidió también en señalar que el padre Jorge era muy puntual y les pedía a quienes trabajaban con él que lo fueran, aunque siempre estaba dispuesto al diálogo.
En cuanto a las confesiones, en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe no hay horarios de confesiones, si alguien llegaba y el padre podía en ese momento se le confesaba. ¿La razón? Según Charpentier, "más alegría causa uno que se convierta, que mil que están presentes", y el padre Jorge era muy consciente de ello, de allí que tal vez no se haya negado a confesar a quien posteriormente lo asesinó.
El padre Altafulla oficiaba una misa todos los días en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, a excepción de los lunes, según señaló Charpentier. Antes de fallecer, el padre ofreció una misa el sábado a las 9:00 de la noche, cuando se celebraba la vigilia de Pentecostés. En su homilía, recuerda el entrevistado, pidió más apoyo a los grupos de pastoral que son muy necesarios para la evangelización. "Recuerdo la sonrisa en su cara diciendo: yo sé que es difícil", dijo.
"Así como Jesús partió físicamente de este mundo y dejó a sus discípulos, tal como el padre Altafulla lo indicó en su homilía del domingo pasado, muchas veces es necesario que la semilla muera para darle paso a los frutos", sostiene el joven. Al momento de su muerte, monseñor Altafulla tenía 65 años.
Jorge Isaac Altafulla Muñoz
Nació en Panamá el 1 de noviembre de 1936.
Seminario Menor: San José de la Montaña (El Salvador).
San José (Panamá) Seminario Mayor: Seminario Universitario, San Pablo-Ottawa, Canadá.
3 años de Filosofía - Licenciatura en Filosofía
4 años de Teología - Licenciatura en Teología
Especialización: Liturgia-Pastoral-Catequesis, en la Abadía de San Andrés, Brujas, Bélgica y en el Instituto Católico de París.
Fue ordenado sacerdote en Panamá el 25 de junio de 1961.
Perteneció al grupo de consultores desde hace más de 25 años.
Fue párroco: Iglesia San Miguel, Santísima Trinidad Nuestra Señora de Guadalupe, Cristo Redentor (1984-1995)
Fue nombrado Rector del Seminario Mayor San José de Panamá desde 1995 a 1998.
Nuestra Señora de Guadalupe (desde el 19 de julio de 1998, hasta su muerte, este domingo 19 de mayo).
En 1990, su Santidad Juan Pablo II lo distinguió con el título de "Prelado de Honor", concedido a sacerdotes que se desempeñan en ciertos cargos directivos de la Iglesia y que se destacan por sus méritos.
Vicario Episcopal de la ciudad de Panamá y Vicario de Oriente de 1983-1993.
Profesor en la Universidad Santa María La Antigua (USMA) y en el Seminario Mayor San José.
Miembro de la Comisión de Reflexión Teológica de la Conferencia Episcopal.
Asesor de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia.
Miembro del Consejo Presbiterial.
Asesor Espiritual del Movimiento Neocatecumenal.
Miembro del Comité Ecuménico de Panamá.
Secretario de la Comisión de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal.