Las consecuencias nefastas de la actividad minera en la salud de la población de Cañazas parecen estar emergiendo, según algunas organizaciones interesadas en el destino de los pobladores de este distrito veragüense, luego del cierre de Minas Santa Rosa.
Luego que la actividad minera cerró dos años atrás debido a la quiebra de la empresa Minas Santa Rosa, estas organizaciones tratan de apoyar a quienes quedaron a la deriva tras la suspensión de la minería, y en este esfuerzo han salido a relucir las secuelas de lo que allí se hacía.
Al azar las organizaciones seleccionaron a cinco trabajadores de esta concesionaria de la canadiense Greenstone Resources, a los cuales se les tomaron muestras de orina y sangre para realizarles análisis en un laboratorio de Alemania.
De estas cinco personas, tres presentaron problemas por las altas concentraciones de químicos en su sangre, a pesar que la mayoría no siente aún síntomas.
La respuesta del Medizinisches Labor Bremen de Alemania fue contundente por lo menos en dos de los casos "(Achtung ¡Blei Belastung!)" "Atención ¡Demasiado Plomo!". Alcibíades Caraballo y Cesar Mendoza se hicieron la prueba sin siquiera sospechar lo reveladora que esta sería.
Las concentraciones de plomo en la sangre de estas personas excedían el límite establecido. En el caso de Mendoza está 61.7 puntos por encima, mientras que en Caraballo está en 14.9 por encima, lo que ofrece motivos más que suficientes para que exista preocupación.
Según el padre Conrado Sanjur, de la Coordinadora Popular de Derechos Humanos en Panamá (COPODEHUPA), nadie en el país conoce los verdaderos alcances de esta situación, ya que se escogen a personas normales de la comunidad y de cinco, tres tienen problemas.
Ello, según el religioso, quiere decir que no se puede ni siquiera calcular el alcance que esto pueda tener, en vista de que nadie ha hecho un monitoreo de este tipo en la población cañaceña para conocer si esta contaminación afectó al resto de los moradores, ya que la mina estaba prácticamente enquistada en la comunidad.
Según han podido conocer, esta contaminación puede producirse de formas variadas, lo que es aún más inquietante, porque puede ser a través del agua que se ingiere, del aire que se respira, incluso del contacto con personas que estuvieran trabajando en las cercanías de las fuentes de contaminación.
Una vez realizadas las pruebas, los resultados fueron presentados ante las autoridades nacionales de Salud, sin embargo, éstas no han hecho contacto con las organizaciones que hicieron la investigación.
En este sentido, agregó que solicitarán a las autoridades de Salud acciones, entre ellas que se atienda de la manera debida a quienes resultaron afectados para minimizar los daños.
Pudimos contactar a Alcibíades Caraballo, uno de los afectados, quien aseguró que su vida continúa normal, aunque ha sentido algo de debilidad en el cuerpo. "Ya no es como antes y en estos días me dieron mareos", agregó.
Caraballo tuvo varias funciones en Mina Santa Rosa, pero no sabe en cuál de ellas recibió la contaminación. Lo que sí está claro es que una le marcó las manos, y fue cuando regaba cal en las tinas donde se prepara la roca molida para extraer el mineral. Hoy muestra las secuelas que aquel químico le dejó en sus brazos.
También trabajó en los laboratorios donde se preparaban las muestras de los minerales obtenidos. Otro ex trabajador, Ricardo Pérez no tiene plomo en su sangre pero le fue detectada otra sustancia, en este caso creatimina; sus niveles están por encima de lo normal, pero dice sentirse bien en todos los aspectos.
En común con Caraballo, Pérez sólo tiene el haber trabajado en el laboratorio, pero allí fue vigilante nocturno. Su otra función fue la de despachar diesel a los autos y camiones de la empresa y también limpiando los herbazales.
Pastor Durán, quien ha estado vinculado a grupos en contra de este tipo de proyectos, sospecha que los casos descubiertos son apenas la punta del "iceberg", pues puede existir otros producto de la contaminación que dejó la empresa.
Para Durán, el asunto es serio y requiere de acciones inmediatas, ya que la empresa además de dejar a gente enferma, no le pagó las prestaciones a sus trabajadores y abandonó un área altamente contaminada, a parte de una depredación ecológica.
Hoy los cañaceños sólo cuentan con el apoyo de estas organizaciones, entre las que se encuentran Asistencia Legal Alternativa de Panamá (ALAP), el Programa Veragüense de Desarrollo Ecológico Sostenible (PROVERDES), la Fundación de Organizaciones Campesinas e Indígenas Veragüenses (FOCIV) y la Coordinadora Popular de Derechos Humanos de Panamá (COPODEHUPA).
En sus peticiones quedó claro que necesitan que las autoridades nacionales volteen su mirada hacia uno de los distritos más pobres de Veraguas y del país, que una vez vio la minería como la posible solución a sus problemas, sin sospechar siquiera que los agravaría.