A juicio de una apreciable mayoría de ciudadanos panameños, desde septiembre de 1999 hasta ahora, la cuestión social y económica se ha agravado considerablemente en Panamá. De todos los políticos y autoridades de régimen actual es la culpa, y en ellas han puesto sus manos, con especial torpeza, los elementos tradicionalmente reaccionarios y fanáticos. Poco a poco, a fuerza de errores, de estulticias, de negligencia, y hasta muestra de analfabetismo, los políticos panameños, particularmente los que detentan el poder, han desprestigiado e inutilizado los instrumentos de gobierno de tal modo, que se ha llegado a un instante en que el Poder se encuentra prácticamente atado de pies y manos, abatido, deshecho, desorganizado y caído en las garras de la improvisación que causa el método de "ensayo y error".
Si nos preguntáramos, ¿qué representa el Gobierno o el Poder Público en Panamá hoy día? ¿Cuáles son sus verdaderas fuerzas? Naturalmente tendríamos que convenir en que todo el gobierno de "Unión por Panamá" no es sino un conglomerado de elementos diversos, antiguos y fuera de circulación de aspiraciones y voluntades actuales; todo él no representa -según sus propias ejecutorias tan ineficaces en el lapso de 10 meses de improvisación- más de una ficción, un artificio levantado al margen de la vida panameña. Un gobierno que ni legisla ni gobierna, que ni entiende los problemas actuales, ni muestra interés por comprenderlo porque carece de competencia para ello.
Sin embargo, detrás del Gobierno actual, tan desorganizado, quebrantado y escindido en su constitución interna, que sirve muy poco por no decir nada; cuando se trata de evitar tormentas, desgracias y angustias al pueblo panameño, todavía encontramos una gran muchedumbre de panameños "neutros" en su acción política, la peor de las "neutralidades", que es la de la inacción, la de la pereza, la indiferencia o la de una insensata cobardía mezclada con una grotesca frivolidad. Y a pesar de que en esa gran masa de "neutros" podríamos encontrar a muchos panameños capaces, y formados en distintas disciplinas, que bien pudieran intervenir de manera positiva en todos los problemas y conflictos de orden nacional.
Tenemos que mirarnos en el espejo de los pueblos europeos, los cuales han tenido que pasar por las más atroces de las guerras, para saber que únicamente un régimen de Justicia podía acabar con las sangrientas peleas que arruinaron a casi toda Europa. Los panameños también hemos sentido los nefastos efectos de un régimen autocrático, de presiones y bloqueos económicos, de invasiones de pobreza y de extrema pobreza. Por eso, también nosotros necesitamos vernos sometidos a una convivencia social y política basada en la Justicia. Es bien sabido, por propios y extraños, que en nuestro Panamá de hoy, unos y otros, patrones y trabajadores, capital y trabajo, profesionales y gremios organizados, desempleados y pueblo en general, desconfían todo cuanto proceda de la política y de los políticos del Gobierno de "Unión por Panamá". Lamentablemente no hay en la política panameña ni organismo ni fórmulas que puedan inspirar a las gentes respeto, ni sean capaces de rodearse del prestigio necesario.
Honradamente creemos que ha llegado la hora de pensar seriamente en Panamá. Es necesario, frente a la organización de un sector (social o político) panameño, poner de pie las fuerzas nacionales; y no para que unas y otras se aniquilen, sino para que convivan y se complementen, de tal modo que Panamá entero, bien organizado como Nación, funcione constitucionalmente con regularidad. Es decir, aspiramos a la convivencia pacífica, no a la confrontación ni a la violencia. Más todavía: en todo país civilizado y gobierno con arreglo a sistemas eficaces, cuando brota una fuerza nueva (sea en el campo del trabajo, del capital o de la política), los gobiernos procuran crear otra fuerza adecuada y nueva también, a fin de que al llegar el inevitable choque de intereses, aparezca el poder oficial revestido de las garantías necesarias para que todo el pueblo lo respete.
Hoy día, más que nunca, en lo más profundo de la conciencia del pueblo panameño, anida la convicción de que el acto de gobernar pertenece a los mejores. La amarga experiencia sufrida por el pueblo en estos últimos 10 meses, por la incapacidad del Gobierno de la señora Moscoso, obliga a los panameños a unirse en el propósito común de un nuevo orden político, económico y social. Porque somos una sociedad libre no podemos consentir ni el mandato exclusivo del dinero ni el mandato exclusivo de la política; tampoco un enriquecimiento brutal de una dirigencia política igualmente brutal.