Nación

Armas por comida, un programa que rinde frutos

Se espera que poco a poco este plan contribuya a disminuir la ola de delincuencia.


SE ESTIMA que hay 1.6 millón de armas de fuego en América Central, de las cuales sólo 500,000 están legalmente registradas.
Muchas de esas armas son remanentes de los conflictos militares que sufrió la región en las décadas de 1970 y 1980, especialmente en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
Cuando esos conflictos terminaron, miles de armas militares fueron a parar al mercado ilegal y terminaron afectando también a otros países como Costa Rica, Honduras y Panamá.
Hoy en muchos países de la región se están desarrollando programas donde intercambian armas por comida, y específicamente en Panamá los están realizando con el fin de disminuir los niveles de violencia.
William Godnick del Departamento de Estudios de Paz de la Universidad de Bradford (Reino Unido), en una investigación, señaló que la mayor parte de las armas que circulan en Centroamérica llegaron desde afuera durante la Guerra Fría y últimamente a través de transacciones, principalmente privadas y comerciales.
Históricamente el flujo de armamento bélico a las fuerzas militares e insurgentes centroamericanos provienen de los dos superpoderes, Estados Unidos y la exUnión Soviética, así como de sus aliados menores. Entre ellos figuraban Israel, Argentina y Cuba.
La finalización de la Guerra Fría y de los conflictos internos centroamericanos trajo la reducción de las transferencias de armas de Estados Unidos y otros países a la región. Por lo que hoy en día las ventas comerciales y del mercado negro han aumentado.
Godnick también destacó que Panamá, país sin fuerzas militares, ha sido utilizado como un importante punto de tránsito para armas destinadas a las guerrillas, paramilitares y narcotraficantes en Colombia.
Según Vicente Archibold Blake, del Servicio Paz y Justicia en Panamá, las alcaldías de los distritos de Panamá y San Miguelito iniciaron con el proyecto, de armas por comida, a partir del año 1996. En efecto, en este año la Alcaldía de Panamá organizó un proyecto que se denominó "No a las armas, sí a la paz", organizado por la alcaldesa de aquel entonces, Omaira (Mayín) Correa.
La primera fase de ese operativo se llevó a cabo en el barrio de El Chorrillo, principal afectado del bombardeo sistemático en la invasión estadounidense de 1989 y considerado como "zona roja" por sus altos índices de criminalidad, recogiéndose 1,034 armas y municiones (700 municiones, 30 granadas, 17 explosivos, 1 petardo y 286 armas), a cambio de bonos comerciales.
Luego se realizó en el corregimiento de Curundú, recuperándose 253 armas (30 granadas de fragmentación y 223 armas de diversos calibres).
En una tercera fase, se ejecutó en el sector de San Joaquín, Pedregal y Juan Díaz, recolectándose 244 armas (84 de calibre 38, 65 de calibre 22, 27 de calibre 380, 22 de calibre 25 y 18 de calibre 32, entre otras).
En 1997, la Alcaldía de San Miguelito impulsó el Programa de "Intercambio de Armas por Condiciones de Vida", donde se recogieron 48 armas (25 revólveres, 15 escopetas, 4 fusiles, 3 AK-47 y 1 T-56).
En el mes de abril del 2000, un grupo de armas de fuego de diferentes pandilleros de Curundú fue entregada por la entonces ministra de la Juventud, la Niñez y la Familia, Alba Tejada de Rolla a la Gobernación de Panamá.
Ilsa Blanco de Blandford, directora de Desarrollo Social del Municipio de San Miguelito, informó que en ese distrito se recolectó una gran cantidad de armas y así mismo fue la remuneración que recibieron sus propietarios. Agregó que no basta sólo el intercambio de armas por comida, sino desarrollar planes de integración familiar.
Las armas recibidas en excelentes condiciones son entregadas a los estamentos de seguridad, que en su mayoría disponen de ellas para el reforzamiento de la Policía Fronteriza, señaló Felipe Cano, jefe de la Dirección Nacional de Gobiernos Locales del Ministerio de Gobierno y Justicia.
Destacó que este proyecto forma parte de las acciones preventivas del Gobierno en contra de la criminalidad, disminuyendo la presencia de armas de fuego en las calles.
No obstante, a pesar que esta medida busca disminuir los niveles de violencia con armas de fuego, las estadísticas de la Policía Técnica Judicial (PTJ) de los primeros meses de este año en comparación con las del 2004, demuestran que el panameño se está armando.
Para el 2004 se registraron en la institución 737 armas nuevas para uso personal, mientras que en lo que va del año, hasta marzo, ya van 559.
En enero, febrero y marzo de este año han sido registradas en la institución un total de 2,658 armas, de las que 559 corresponden a armas nuevas para uso personal y 1548 renovaciones particulares, 219 para uso comercial, 247 renovaciones comerciales y 85 de renovación para uso estatal.
Por otra parte, Fidel Antonio Quezada, un chico que reside en Cerro Cocobolo, prefirió abandonar su arma, ya que considera que eso no es bueno. Quezada era miembro de una pandilla y al entregar su arma señaló que está depositando toda su confianza en los funcionarios del municipio, para reintegrarse a la sociedad.
Quezada agregó que las personas sí pueden entregar las armas y también "se debe pensar en la familia, porque luego el sufrimiento es para ellos".
  • Actualmente el Gobierno, en conjunto con los municipios, está llevando el programa de armas por comida no sólo a la capital, sino al interior del país.
  • A las personas que acuden a intercambiar las armas por cupones de alimentos, no se les pregunta cómo obtuvieron el armamento. Todo es confidencial.


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192833
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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