Washington.- Aun cuando no haya anunciado su equipo de política exterior, la presidenta electa Mireya Moscoso habría comenzado a enviar mensajes para asegurar a los medios políticos y financieros de esta capital que su gobierno está dispuesto a hacer lo posible para desarrollar una relación de amistad y cooperación con Estados Unidos, basada en los principios de respeto mutuo y reciprocidad.
Hasta el momento los únicos contactos oficiales de la presidenta electa con funcionarios de Estados Unidos fueron con Buddy MacKay, el enviado especial del presidente Bill Clinton para Latinoamérica, cuando visitó Panamá hace un mes, y el embajador Simon Ferro.
Pero cada día hay más indicios de que algunas figuras del arnulfismo de visita por esta ciudad podrían representar algunas ideas del próximo gobierno en calidad extraoficial.
Quizás el mensaje principal que ha trascendido de algunas conversaciones de la reciente visita del primer vicepresidente electo Arturo Vallarino en círculos legislativos es que Moscoso abordará de plano sus promesas de reforma y la eliminación del narcotráfico y la corrupción.
Este es un tema recurrente en vista de las insistentes noticias periodísticas como la que fue publicada en el Wall Street Journal bajo el titular: "Cargos de favoritismo surgen en la Zona del Canal mientras que Estados Unidos se prepara para regresar hermosos terrenos a Panamá", que repiten esencialmente acusaciones de nepotismo y favoritismos que hace meses aparecieron en la prensa panameña y que fueron negadas por el ARI.
El embajador de Panamá, Eloy Alfaro, desestimó el artículo como "un refrito de poca credibilidad".
En el Congreso hay expectativas de que la presidenta electa pueda anticipar a la brevedad sus proyectos de política exterior y seguridad, temas que apenas fueron abordados durante la visita de este el pasado mes.
Ahora se han creado nuevas expectativas con la llegada de J. J. Vallarino, el industrial panameño que es mencionado como un posible sucesor del embajador Alfaro en Washington, según algunas versiones provenientes de Panamá, aunque personas allegadas a Vallarino lo consideran poco probable.
Vallarino, quien llegó esta tarde para permanecer aquí hasta el lunes, goza de excelentes contactos en el mundo financiero y empresarial en esta ciudad y Nueva York.
Sin embargo en una breve conversación telefónica con este corresponsal el empresario le restó importancia a su visita que aseguró era de carácter "estrictamente personal".
Advertido que, según fuentes panameñas, hace días Juan Sosa, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Panamá-Estados Unidos en esta ciudad, viene organizando el programa de su visita, Vallarino insistió que las citas eran sólo con "viejos amigos".
"Hago este viaje todos los años después de descansar en New Hampshire", fue su parco comentario, tratando de desvirtuar cualquier intención política del viaje.
Sus "viejos amigos" incluyen el embajador Alfaro, con quien cenaría anoche, y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias.
Según los observadores, por el mero hecho de haber apoyado activamente a Moscoso en la campaña electoral, Vallarino será considerado en esta capital como una persona con autoridad de hablar con conocimiento de causa de los planes del próximo gobierno.
En el Congreso, por ejemplo, existe un escepticismo generalizado sobre la capacidad de Panamá de llevar adelante una lucha efectiva antidrogas sin el apoyo que Estados Unidos prestaba a través de la Base Aérea de Howard.
Como es de conocimiento público, los líderes Republicanos están presionando al gobierno de Clinton de hacer lo posible por instar al próximo gobierno panameño de mantener habilitada la base de Howard para la lucha antidrogas, a pesar de las declaraciones de la Sra. Moscoso de que no quiere más bases extranjeras después del 31 de diciembre, cuando culminan los Tratados Torrijos-Carter.
Sin embargo, el congresista Republicano Benjamin A. Gilman, presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales dejó entrever en una declaración para El Panamá América que no sólo insistirá en el tema, sino que ahora también considera que la seguridad de Panamá está amenazada por las incursiones de grupos armados desde Colombia en la zona del Darién.
"Panamá tiene un problema de narcotráfico no menos serio que el que tenemos en Estados Unidos", expresó Gilman en una declaración a este corresponsal. "Por eso mismo, el pueblo panameño depende de la misma manera que el pueblo de Estados Unidos del éxito de nuestros esfuerzos por parar el flujo de estupefacientes de la región Andina.
"No hay mejor locación que Panama desde donde dirigir estas operaciones, y sin embargo ambos países aparentemente se han embarcado en un camino que seguramente disminuirá la efectividad de estas operaciones.
"Más aun, Panamá está situada en un vecindario potencialmente inestable, como bien lo demuestra la actual situación en Colombia. Una continua presencia de Estados Unidos en Panamá ayudaría a insular a Panamá de la inestabilidad en otras partes de la región y contribuir a una atmósfera positiva para inversiones y crecimiento económico".
Gilman recordó que el año pasado introdujo legislación instando al gobierno para que otorgue a Panamá los mismos privilegios económicos que gozan México y Canadá bajo el Tratado de Libre Comercio, conocido por sus siglas inglesas de NAFTA.
"Cuando presenté ese proyecto con el nombre United States-Panama Partnership Act, indiqué que esperaría expresiones de interés en este proyecto de ley de nuestros amigos panameños antes de empujarlo a través del proceso legislativo. Estoy esperanzado que pronto me lleguen esas expresiones de interés".
Vallarino no reveló si él estaba interesado.