Nación

Arrollado y olvidado

Un automóvil le arrebató los sueños de seguir adelante, a un joven de tan solo 22 años.


ERAN APROXIMADAMENTE las 6:00 a.m. del domingo 5 de septiembre de 2004, cuando la vida le cambió por completo a Felipe Rodríguez Olmos. Quedó paralítico luego de que un auto lo arrolló.
Un automóvil de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) le arrebató los sueños de seguir adelante, al joven de tan solo 22 años. El accidente sucedió a la altura de la comunidad de Quebrada Ancha, en el corregimiento de Buena Vista, provincia de Colón.
Un perro muy flaco pero muy dispuesto a cuidar su territorio, nos recibió cuando llegamos a la casa de Felipe. El animal custodia con celo un hogar dominado por las vicisitudes y la preocupación. El joven yace en una cama con las manos y piernas rígidas y recogidas.
Desde aquel día no ha vuelto a movilizarse ni a hablar. Encontramos a su madre Omaira Doriela Olmos alimentándolo a través de una sonda.
En medio de tantas necesidades, no le puede dar la leche nutritiva que necesita, por eso una crema de plátano corre por el pequeño tubo transparente que a través de la nariz, lo alimenta.
Aunque personas generosas han ayudado a Felipe con una cama especial y un abanico, hace falta algo esencial: alimentos.
A la lista se agregan los pañales desechables, vitaminas y la crema especial para que no le salgan ampollas en el cuerpo.
Su padre Luis Alberto Rodríguez no tiene trabajo fijo y la familia depende de su máquina de cortar césped. Pero cuando la necesidad aprieta, el hombre no tiene para comprar combustible. Es un difícil círculo de necesidades que también afecta a su nieto con nombre de artista: José Luis.
El pequeño, de 10 años, está en un aula especial del Centro Básico General Desmond Byan, pues tiene retardo mental.
José Luis andaba sin camisa y se le ven sus costillas. Su padre dice que cuando no hay qué comer, prefiere no enviarlo a la escuela, por temor a que se desmaye.
Omaira no puede separarse del hogar porque su hijo depende de ella. Sus vecinos, también en condiciones económicas precarias, le ayudan en lo que puedan, incluso le dan sal cuando hasta eso hace falta.
Lejos de la ciudad y sin dinero para darle seguimiento legal del caso, tanto Omaira como su esposo esperan que el abogado Todopoderoso les haga justicia.
El caso es otro de los tantos que permanece dentro del engorroso sistema judicial. Hasta ahora no se ha hecho justicia ni los responsables se han solidarizado con el dolor que los embarga ni menos con procurarle ayuda al joven.
La desconsolada madre pide a los responsables "que se pongan la mano en el corazón" y se conduelan de la tragedia de su hijo, ya que es una difícil situación que cambió radicalmente su vida.
El caso de Felipe ha conmovido tanto a vecinos como a los funcionarios de Aduanas y de la Policía que prestan servicio en los retenes del área conocida como la "Y" de Chilibre.
Por las mezquindades del destino esta familia incluso no tiene una casa propia, pues vive en la de un señor que les ha confiado la vigilancia de una finca.
El señor Luis Alberto resume en una corta oración los momentos que atraviesan: "Estamos pasando páramos". Afirma que en la región es difícil conseguir trabajo como jornalero.
Le angustia pensar que viene la estación seca y habrá poca hierba que cortar. Panamá América trató de obtener la versión de las autoridades de la ACP, pero se negaron a ofrecer detalles. Argumentan que esperan la reconstrucción de los hechos.
El pequeño José Luis también cuida a quien considera su hermano, pues se han criado juntos.
Cuando la señora Omaira se entretiene en las tareas de la casa, está pendiente de su hermano y avisa si éste se queja o llora. Sabe que si esto pasa, es que necesita atención.

 

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212752
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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