Un ataque suicida acabó ayer con la vida de la ex primera ministra pakistaní, Benazir Bhutto. El asesinato de la líder opositora fue repudiado por los gobernantes del mundo y complica las políticas de Estados Unidos y Pakistán, ya que la nación norteamericana invirtió un enorme capital diplomático en promover la reconciliación entre ella y el presidente pakistaní, Pervez Musharraf.