DESCONECTADOS de la realidad, cientos de indigentes ocasionan problemas a la sociedad panameña, como es el caso de una mujer que entorpece el paso de los transeúntes en un puente peatonal localizado frente a la Policlínica J.J. Vallarino, en Juan Díaz.
"Todos los días es lo mismo. No podemos subir el puente porque se encuentra lleno de vómito y excremento de los orates", manifiesta una señora que se encontraba esperando el bus.
A pesar de los esfuerzos, este es un problema de nunca acabar, señala el gerente social del Municipio de Panamá, Hugo Morgado.
Explicó que tienen un convenio con la Iglesia Ejército de Dios para mantener dos campamentos (Calzada Larga y Río Abajo) en los que se internan a personas que por diversas razones han llegado a estas condiciones.
Cifras suministradas por Morgado indican que cerca del 90% de los indigentes que deambulan por las calles de la urbe, presenta cuadros de consumo de droga y alcohol, lo que es preocupante. Muchos de ellos proceden del interior de la República, agrega.
Cuando se detecta a un indigente en un operativo, inicialmente es conducido al Centro de Servicios Múltiples, donde se le brinda las atenciones básicas como baño, exámenes generales, comida y se le renueva la ropa.
El Departamento de Trabajo Social los evalúa y dependiendo del caso se les envía al campamento de la Iglesia Ejército de Dios.
"Algunos que han cometido delitos son enviados para que cumplan con sus penas de prisión. En otros casos, sufren enfermedades como la tuberculosis, por lo que son atendidos en los centros de salud; mientras que otros son enviados al Hospital Psiquiátrico.
En la Iglesia Ejército de Dios, liderada por el pastor Saúl Espinosa, se atienden al mes unos 300 indigentes, sometiéndolos a un tratamiento de rehabilitación de 10 meses.
Al comienzo es difícil, ya que los individuos se muestran reacios o en otras ocasiones los familiares se acercan a reclamarlos. Pero se los llevan y al poco tiempo se les ve nuevamente en las calles, continuando así el ciclo del abandono.
El programa sólo beneficia a los hombres, ya que no tienen uno para mujeres porque si se mezclan con los varones, puede registrarse un problema de promiscuidad.
VÍCTOR VÁSQUEZ: "Antes me desempeñaba como marino, ahora duermo sobre cartones. Y tengo problemas porque no veo bien".
SANTOS CAMARENA: "Soy un chiricano con orgullo. Antes tenía un taller de ebanistería, ahora pido dinero frente al Mercado Público"
ANDRÉS CONTRERAS: "Vendía periódicos ahora pido ayuda. Tengo más de un mes de estar aquí por problemas en las piernas".
Aumenta la indigencia y los programas se quedan cortos
Son escasos los programas y fondos estatales para rescatar a los orates de las calles.