En el centro comercial Plaza Carolina no se puede caminar por los pasillos que están bajo techo, debido a que los propietarios de los almacenes han colocado sus anaqueles y todo tipo de mercancía en este espacio, tal como ocurre a lo largo de Calidonia.
Esta queja la presenta el señor Leo Ramírez, quien aseguró que este problema es de vieja data y hasta el momento la administración del centro comercial no ha solicitado la remoción de estos objetos.
"Estos anaqueles están en los pasillos todo el día, haya sol o lluvia y no los mueven a pesar que los pasillos fueron construidos para que las personas lo utilicen", dijo.
Instó a los administrativos de este centro comercial a que procuren que el espacio determinado para los compradores no sea utilizado para colocar mercancía u obligarán a los comerciantes a realizar sus compras en otro sitio.
El lector Isaías Jaramillo llamó a esta redacción para quejarse de las obscenidades que asegura se dicen diariamente en las emisoras, principalmente en las que tocan música tipo "reggae".
"El 80 por ciento de las personas que hablan en la radio se dedican a decir cualquier cantidad de vulgaridades y planteamientos sin sentidos, denunció el quejoso.
Precisó que los jóvenes que se dedican a escuchar radio lamentablemente no reciben nada positivo, puesto que lo que reflejan la mayoría de los locutores es que se han perdido los valores culturales y civiles, y eso es lo que transmiten a la juventud.
Instó al Ministerio de Gobierno y Justicia, a la Asociación Panameña de Radiodifusión (APR) y las demás instancias que tiene que ver con esta práctica, que tomen cartas en el asunto, pues es falso que quien dice más vulgaridades es el mejor. "Pareciera que estamos al revés", señaló.
Se propuso dar la cara, como lo había hecho siempre. Un abogado de la Iglesia Católica tomó el caso y al preguntarle el fiscal militar sobre la demanda, ella dijo: "quienes ofenden a las Fuerzas Armadas son aquellos que usando uniforme tienen conductas criminales". La justicia falló a favor de Verdugo y "ganó el periodismo chileno". En más de una ocasión Patricia y su familia fueron amedrentadas pero no claudicó.
Con "Andrés de la Victoria" contó la historia de un sacerdote a quien una bala cegó la vida, durante la lectura del Evangelio y con ello, el testimonio de centenares de víctimas más. "Y muchos seguían sin creer".
Según dijo, se puede partir de la afirmación genérica de que todos los crímenes durante una dictadura son responsabilidad del dictador pero otra cosa es comprobarlo ante la justicia.
La investigación "Los zarpazos del puma" deja de lado los supuestos y lo prueba. La obra fue aplaudida y repudiada, como era de esperarse, sin embargo, el proceso judicial contra Pinochet se hizo sobre la base del libro y para ella, como periodista "fue especial", pues la causa judicial más importante en toda la historia de su país se apoyó en lo que escribió. Las investigaciones siguen en curso.
Patricia partió de Panamá para continuar su peregrinar por varios países "presentando a su nuevo hijo literario", sin embargo, siempre que puede, le roba un par de horas y con suerte uno o dos días, a esas "presentaciones en sociedad" para volar a lado de sus hijos y su esposo, un hombre comprensivo que conoce y respeta su oficio.
Pero mientras vuelve a zambullirse en pilas de papeles para tramar otro escrito, reconoce que después de todo, algo le debe a la dictadura: "me enseñó a vencer el miedo y vivir decentemente".