El sueño de nueve jóvenes panameñas de bailar ballet durante la misa de clausura de la visita del Papa Juan Pablo II a la ciudad de Toronto, Canadá, se hizo realidad el pasado domingo, experiencia que calificaron de inolvidable por lo espiritual de la jornada.
Las adolescentes bailarinas, que pertenecen a la Escuela de Danzas Teresa Mann, fueron seleccionadas para participar del Encuentro Mundial de la Juventud con el Sumo Pontífice, y su presentación durante la misa de clausura fue vista por la televisión en el mundo entero.
A su regreso a territorio panameño, después de estar diez días fuera del país en un viaje para el cual efectuaron actividades de recaudación de fondos y obtuvieron algunas donaciones, expresaron las emociones vividas en Canadá, primera fase de la nueva gira papal a Latinoamérica, que ha incluido Guatemala y ahora México.
"Fue una experiencia muy bonita", dijo Gloribel Céspedes, una de las integrantes del ballet que se presentó ante el Papa Juan Pablo II.
Visiblemente emocionada, narró que en Canadá los recibieron muy bien, las personas fueron muy cariñosas y lograron ver al Sumo Pontífice muy de cerca. Explicó que a su llegada a Toronto, una amiga de su profesora les prestó su academia de baile, donde ensayaban cinco horas diarias.
El viaje de estas bailarinas fue producto de una invitación, en la que se tuvo que mandar un vídeo al director artístico de los encargados de la organización de la visita del Papa a Canadá, y de la cual es miembro un panameño, Pedro Guevara Mann.
Las jóvenes panameñas tuvieron varias presentaciones, algunas donde efectuaron todos los bailes, y en otras, una parte. Según Céspedes, lograron hacer contacto allá con personas que manifestaron su interés en que los acompañen en el futuro a presentaciones en Italia, El Salvador y España.
Otra de las bailarinas, Ana Teresa Ferrer, indicó que de los otros grupos que se presentaron en la misa de clausura presidida por el Papa Juan Pablo II, fue el de los jóvenes estadounidenses en silla de rueda.
"La seguridad allá fue extrema, en los aeropuertos nos quitaron todos los objetos punzantes de metal como tijeras o aerosoles para el cabello", señaló Ferrer.
Para otra de las bailarinas, Ann Marie McGrath, fue una experiencia fabulosa, donde las personas les manifestaron que fueron muy profesionales y espirituales, logrando tocar el corazón de cada uno de los asistentes a la ceremonia religiosa.
Esta joven es nieta del desaparecido Arzobispo de Panamá, Monseñor Marcos Gregorio McGrath, y consideró que lograron dejar "muy en alto el nombre del país".
También informó que a todos los jóvenes participantes en el evento les fueron entregados maletines con logos del evento confeccionados por los reos canadienses. Además a todos se les regaló una cruz de madera como señal de que es la luz de mundo.
La directora del grupo, Teresa Mann sostuvo que la presentación de sus muchachas fue apoteósica e inolvidable. "Fue la cumbre de toda la labor que ellas hicieron para poder presentarse en la misa del Santo Padre", manifestó.
La representación panameña fue el único grupo de danzas de un país que se presentó y representaban al mundo entero. "Lo más importante para ellas fue lo espiritual y la hermandad de jóvenes que estaban allí", subrayó Mann.