El objetivo del Proyecto de Saneamiento de la ciudad y la Bahía de Panamá es mejorar las condiciones sanitarias en los barrios de bajos ingresos y disminuir la contaminación de cauces y ríos urbanos en la metrópoli.
Según el Ministerio de Economía y Finanzas, para tal fin, los trabajos se han planificado por etapas; la primera, consiste en sanear desde el Casco Viejo hasta el corregimiento de Juan Díaz.
La segunda etapa incluirá la limpieza del sector Este de la ciudad capital.
En estos períodos, se adelantará la construcción y rehabilitación de redes y colectoras existentes, así como un sistema interceptor y una planta de tratamiento de aguas residuales.
El pasado lunes fue suscrito el convenio para el financiamiento de la segunda fase, de la primera etapa, de este proyecto, entre los gobiernos de Panamá y Japón, por un monto aproximado de 160 millones de dólares.
Este apoyo económico por parte de Japón, servirá para financiar los fondos requeridos para la segunda fase del proyecto, que incluye la contratación de una consultaría para la asistencia en la administración del proyecto; construcción y operación por 4 años de una planta de tratamiento de aguas residuales y construcción de un sistema interceptor de aguas residuales.
En Santa María, corregimiento de Betania, los moradores están cansados. Gloriela Sánchez, residente del área, manifestó que no se toma conciencia del perjuicio para terceros.
La situación provocó que los vecinos pusieran un letrero en el que decía que enviaran a sus mascotas a hacer sus necesidades a otros lugares, aseguró.
En algunos corregimientos del distrito capital se han tomado acciones.
Virgilio Crespo, representante de Bella Vista, señaló que producto del mal hábito de llevar a las mascotas a parques, aceras, isletas e incluso las áreas de juego de los niños, desde hace un año se colocaron en el corregimiento dispensadores.
"Conseguimos unos dispensadores y estamos comprando las bolsitas para que la gente cada vez que baje su perro, recojan los desperdicios que dejen en las calles".
Confesó que al principio no se hacía caso a la medida, pero las personas se han ido acostumbrando. Se han dado cuenta conforme al gasto de la bolsa en los dispensadores. Son alrededor de 18 y se colocan 200 a 250 en cada dispensador, cada 15 días.
Se prevé colocar más. La gente cree el hábito y más adelante compren sus cartuchos para botar las heces de los perros.
La medida se adoptó porque existe el Decreto Municipal 285 del 10 de julio de 1997, que en su artículo segundo, tercera cláusula indica que queda prohibido utilizar los parques, plazas, isletas, aceras, y cualquier área verde pública para llevar a perros u otras mascostas para defecar o hacer otras necesidades fisiológicas que produzcan malos olores y transmitan enfermedades que perjudiquen la salud pública y contaminen el medio ambiente.