Nación

Borraron su rostro, pero no el amor por sus hijas

El caso de violencia doméstica de "Milagros" es el segundo que se registra en Panamá, en donde la ex pareja utiliza ácido para desfigurar la fisonomía de la mujer.


"Mis hijas son el motor de mi vida... por ellas he luchado para salir adelante". Así se expresa "Milagros", una madre que vivió en carne propia la desazón de ser víctima de la violencia doméstica.

Su historia es una, de los más de 24 casos de maltrato intrafamiliar que se denuncian a diario en Panamá, pero su testimonio es poco particular.

Hace dos años su ex pareja le roció ácido en su fisonomía, que le causó huellas imborrables en su rostro y en la vida de sus tres hijas.

 

A raíz de eso, permaneció hospitalizada por más de seis meses, período en el que tuvo que dejar a sus niñas a cargo de sus familiares, mientras era sometida a cirugías de recuperación.

Con tono resquebrajado, por el dolor que le provoca recordar el hecho, pero con una actitud muy positiva hacia la vida, contó que ese año la depresión y la ansiedad hicieron que la adolescente aumentara de peso, e incluso perdió el año escolar.

La estadía de Milagros en el hospital la hizo pensar fríamente como madre y decidió que no podía dejarse vencer. "Si yo no les doy el ejemplo no podremos salir adelante".

 

Con su fe puesta en Dios como prioridad, aprendió a dejar ese triste episodio de su vida en el pasado.

"Yo soy una mujer que no mira para atrás, trato de vivir el presente y visualizar más allá".

De allí en adelante comenzó una nueva vida, pese a las marcas que observa que han quedado en su rostro. Hasta la fecha ha tenido que ser sometida a 16 cirugías plásticas y a 2 reconstructivas.

 

"Mi hija estaba muy preocupada al momento en el que perdió el año escolar, pero yo en medio de operación en operación, la motivé a continuar".

Su familia y Dios jugaron un papel muy importante para ello.

Ha perdido el miedo y ya no se esconde de las personas, quienes le preguntan si es sobreviviente del bus que se incendió, dada la gravedad de las marcas.

 

"Mis cicatrices son muy visibles, pero yo no las escondo porque salgo a la calle y no reparo en contar lo sucedido".

Explicó que lleva una vida normal con sus niñas; sale con ellas todos los días a la calle, y las recoge en la escuela.

La mayor satisfacción como madre es que todo dentro de su familia está mejorando.

En ese sentido, uno de los logros más grandes que ha tenido como madre es que la próxima semana la mayor de sus hijas se graduará de III año.

"Muchas veces pensamos que no nos puede ocurrir algo así, y cuando nos suceden vemos que ningún estrato social se escapa de los actos de violencia doméstica.

El mensaje que ella les envía a todas las mujeres hoy, sobre todo a las que hayan pasado por una situación de violencia, es que la vida continúa.


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306643
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América