Necesidades
- Inseguridad.
- Indigentes
- Apoyo
Han pasado gran parte de su vida inmersos en las estrechas callejuelas de Calidonia. Buscan sobrevivir en un mundo que cada vez se vuelve más exigente; unos siguiendo el legado de sus padres, pero la mayoría lo hace para buscar el pan de cada día.
Los puestos de buhonería ubicados en la concurrida Calidonia y en la Central son puntos característicos que rodean la plaza 5 de Mayo. En estos se venden comidas, frutas, vegetales, hierbas y productos medicinales, chucherías, etc. También, sus dueños te venden historias, odiseas, sacrificios y te regalan una sonrisa, y otras veces un mal gesto. Ángela Salazar es una señora que desde hace 40 años se ajetrea en el mundo de la buhonería en las calles de Calidonia.
El trabajo lo comenzó desde niña, ayudando a su mamá, vendiendo hierbas medicinales y flores. Pero luego que su madre murió tomó el negocio y con eso se dispuso a salir adelante.
“He pasado la mayor parte de mi vida trabajando aquí; son más de doce horas compartiendo con todo tipo de personas”, agrega Salazar.
Resaltó que quedó viuda hace ya varios años y con siete hijos, por lo que tuvo que esforzarse para sacarlos adelante. “El trabajo no ha sido fácil, pero hay que hacerlo”, manifestó la señora residente en San Miguelito.
Salazar añadió que en 40 años muchas cosas han cambiado, principalmente el tema de la seguridad, pues la delincuencia está intensa y esto afecta las ventas.
Nicolás Olivero llegó hace más de 30 años a la ciudad capital. Como miles de interioranos, llegó a la metrópoli para buscar un mejor futuro. Proveniente de Las Palmas de Veraguas, se instaló en el distrito de San Miguelito, específicamente en Los Andes. Allí comenzó una historia con su esposa y con sus hijos.
“Desde que llegué aquí a la capital comencé con la venta de legumbres en Calidonia; ya son 33 años que tengo de estar acá y no me arrepiento de este trabajo”, declaró el hombre de tez morena y que ya ronda los 60 años. El veragüense vende verduras y algunas frutas. Una pintoresca carretilla de madera contiene tomates, ajíes, maíz, pepinos, ñames, yuca, culantro, repollo, papas y algunas que otras naranjas. El encargo lo hace en el Mercado de Abastos.
“Todos los días me levanto a las cuatro de la maña y ya antes de las seis estoy en mi puesto listo para comenzar la faena”, afirma el pequeño empresario.
Olivero comenta que nunca ha tenido problemas con las inspecciones del Ministerio de Salud, así como de la Alcaldía de Panamá.
“Desde que llegué acá cumplí con todos los requisitos para poder instalar mi puesto”, sostuvo el vendedor, quien admite, además, que para él las cosas no han cambiado mucho, pues ya tiene su clientela y la gente lo conoce.