Washington.- En su primera gira al exterior, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, juega la carta de su acercamiento a Latinoamérica para responder a las tajantes críticas de los gobiernos europeos contra su política energética, el calentamiento de la atmósfera, sus planes para la creación de un escudo nuclear y la repetida aplicación de la pena de muerte.
Con la clara intención de atajar estos ataques, horas antes de iniciar su gira de seis días por cinco naciones europeas, Bush anunció nuevas iniciativas para el estudio de la elevación de la temperatura de la Tierra, cuyo primer paso concreto fue la firma de un acuerdo de cooperación con Panamá y los otros países centroamericanos para la promoción del "desarrollo sostenible". El acuerdo, conocido como Concausa, fue firmado en Washington recién el pasado jueves.
El Presidente espera aliviar las tensiones con los 15 aliados europeos de Estados Unidos mañana en Suecia, admitiendo que el problema existe, aunque él se opone al pacto internacional negociado en 1997 en Kyoto, Japón, según el cual las naciones industrializadas deben reducir en cantidades específicas sus emisiones de gases.
Asimismo, al finalizar su visita a España anoche, Bush y el primer ministro español José María Aznar anunciaron que los dos países están dispuestos a colaborar para reforzar los procesos democratizadores en América Latina y luchar contra el terrorismo.
En una declaración conjunta hispano-estadounidense dada a conocer anoche en Madrid, los dos mandatarios afirmaron: "Renovamos nuestro compromiso de combatir el terrorismo ahí donde aparezca y cooperar estrechamente en las regiones del mundo donde España y Estados Unidos comparten fuertes intereses comunes, en particular para promover la democracia y los derechos humanos en América Latina".
Expertos en la política de Washington señalan que es la primera vez que un mandatario de Estados Unidos enfatiza la importancia de las relaciones hemisféricas ante sus homólogos europeos desde que el presidente Franklin Delano Roosevelt citaba las bondades de la política del Buen Vecino en las Américas en 1936, como un ejemplo para Europa de la convivencia pacífica apenas tres años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Pero esto no impidió que millares de españoles protestaran contra la ejecución de Timothy McVeigh y la intención de Bush de revocar los pactos de desarme nuclear que aún permanecen vigentes con Rusia.
Desde su toma de posesión, Bush se ha dedicado a estrechar las relaciones con los países latinoamericanos, especialmente con México, lo que creó considerables recelos en las cancillerías europeas con respecto al interés que el ex gobernador de Texas tendrá en mantener los íntimos lazos transatlánticos que caracterizó la política de Washington después de la Segunda Guerra Mundial y a través de la Guerra Fría.
Algunos han creído ver que de la reciente Cumbre de las Américas en Quebec ha salido más que un camino hacia los Estados Unidos de las Américas, otro hacia las Américas de Estados Unidos. ¿Cómo se engarzará en estos planes esta España volcada hacia América Latina?, se preguntan muchos diplomáticos españoles cuya política exterior desde el gobierno de Felipe González ha promovido más intensas relaciones y masivas inversiones en Latinoamérica.
El conservador Aznar, quizás el líder europeo que más simpatiza con la política de Bush, trató de suavizar la crítica a la política de defensa del mandatario estadounidense.