Nación

Bush lanza advertencia a los enemigos de EU


Washington.- Al jurar que protegerá la Constitución para convertirse en el presidente 43 de Estados Unidos, George Walker Bush, de Texas, se comprometió ayer a construir "una nación unida en justicia y libertad de oportunidad".
El nuevo presidente llamó a sus conciudadanos para demostrar un espíritu de civismo, a la vez que prometió gobernar para "perseguir el interés público con coraje; a trabajar por una mayor justicia y compasión", mensaje que fue el lema de su campaña electoral.
"A veces nuestras diferencias son tan profundas que parece que compartimos un continente y no un país," afirmó. "Este es mi compromiso solemne: trabajaré para crear una sola nación con justicia y oportunidades para todos".
Al igual que sus predecesores, Bush lanzó una advertencia a los enemigos de Estados Unidos al resaltar que su gobierno no va a aislarse de los problemas del mundo, afirmando: "Defenderemos a nuestros aliados y nuestros intereses".
Bush habló apenas 12 minutos para difundir un mensaje en el que trató de definir su "conservadurismo con compasión" junto con un tono de convergencia nacional, consciente de que hablaba ante un país que le otorgó algo menos del 50 por ciento de los votos. También quiso asegurar al mundo que continuaría la política exterior de sus predecesores, aunque auguró una mayor concentración a la defensa del país contra posibles ataques terroristas.
"Nuestra historia es la de un mundo nuevo que terminó liberando al viejo," declaró. "En nuestra historia hemos liberado pero jamás posesionado, defendido pero no conquistado. Esa es la historia de un Estados Unidos con todas sus fallas".
El nuevo presidente leyó el discurso en voz firme y pausada, pero no logró las cumbres retóricas como las del lirismo de Ronald Reagan o las que encendieron al público cuando en 1961 John F. Kennedy dijo al país: "No preguntes qué puede hacer el gobierno por ti, sino que reflexiona lo que tú puedes hacer por tu gobierno".
Por consiguiente, los aplausos fueron más bien respetuosos pero en ningún momento llegaron a ser enardecidos, quizás en parte por la fría llovizna que cayó sobre la capital desde la madrugada.
A pesar del mal tiempo, millares de jóvenes y grupos críticos del nuevo gobierno organizaron marchas de protesta por la manera irregular en que se realizó el cómputo de las elecciones en la Florida, que le costó la victoria al vicepresidente Al Gore, que logró una mayoría de más de 500,000 en el voto popular.
Momentos antes del discurso inaugural, a las doce y un minuto, el ex gobernador de Texas e hijo del ex presidente George Bush, alzó la mano izquierda, puso la derecha sobre la Biblia y en voz firme juró "solemnemente, respetar y hacer cumplir las leyes de la República con la ayuda de Dios".
La ceremonia se llevó a cabo en un amplio palco erigido junto al edificio del Congreso, en la colina del Capitolio, mientras caía una fría llovizna que no alentó los aplausos del numeroso público, que incluyó al embajador de Panamá, Guillermo Ford y su señora, entre otros miembros del cuerpo diplomático.
Franklin Graham, hijo del predicador Billy Graham, hizo la invocación.
Siguiendo el tradicional protocolo, el Senador demócrata Christopher Dodd presentó al presidente de la Suprema Corte de Justicia, William Rehnquist, quien presidió el juramento, primero del vicepresidente Dick Cheney, seguido por el de Bush, no sin que antes un tenor del cuerpo de los Marines, luciendo uniforme de gala, cantara una versión estilizada de "God Bless America" con acompañamiento orquestal.
Para llegar al capitolio, Bush viajó acompañado por el presidente saliente Bill Clinton, de la Casa Blanca al Capitolio en una limosina negra, por la Avenida Pensilvania ,protegida por millares de policías. Detrás viajaba el vicepresidente saliente Gore junto con el nuevo vicepresidente, Dick Cheney, así como la nueva primera dama, Laura Bush y esposa de Clinton, la senadora demócrata Hillary Clinton.
George W. Bush es el presidente número 43, el segundo que es hijo de un presidente y el primero que hereda la Casa Blanca de la persona que, anteriormente, había derrotado a su padre en las urnas. Washington está viviendo, por tanto, una restauración. Durante la ceremonia, el padre de Bush lloraba abiertamente de emoción.
Todos los comentaristas repararon del gran drama familiar, especulando que pasaría por la mente del padre de Bush al presenciar el juramento de su hijo en reemplazo de Clinton, el hombre que en 1991 apagó su sueño de ser reelecto a un segundo periodo.
Cuando Clinton, vestido de abrigo negro y sonriente, llegó al palco, departió por unos minutos con el padre de Bush, quien se mostró sorprendido pero de inmediato invitó al presidente saliente a que se pusieran en contacto.
También estaban Jimmy Carter y su esposa en el palco principal, cerca de los Clinton y el matrimonio Gore, así como el popular general en retiro Colin Powell, quien fue confirmado por el Senado en la tarde.como el nuevo secretario de Estado en reemplazo de Madeleine Albright.
Considerando que más de la mitad del electorado votó por su contrincante, el vicepresidente Al Gore, Ally Furlough, una experta en etiqueta que reside en Massachussetts, opinó que, bajo las circunstancias, hubiera sido "más correcto" celebrar el traspaso de gobierno "como si fuera un modesto té con música clásica" en vez de los cuatro días de fiestas, cenas y discursos que enmarcan la toma de posesión organizada por el Partido Republicano.
A diferencia de hace cuatro años, esta vez no hubo rock and roll ni soul ni saxofón, sino mucha música pop y mucho country texano. En lugar de Barbra Streisand y Aretha Franklin, que cantaron para Bill Clinton, estaban Loretta Lynn y Jon Secada. De Hollywood apenas se vio a Robert Duvall.
Loretta Lynn, una cantante y pianista de jazz de Austin, la capital del estado de Texas, confesó que es demócrata y aceptó el contrato como solista en las ceremonias de inauguración porque: "Pensé que ganaría Gore". Sobre el porqué aceptó venir para entretener a los Republicanos, replicó: "Un compromiso profesional se cumple, no importe quién".
Los diez bailes inaugurales, los dos conciertos, los fuegos artificiales y el desfile por la avenida Pennsylvania cuestan, aproximadamente, 30 millones de dólares. En apenas un mes, el comité que se encarga de los festejos ha recaudado cerca de 40 millones. Ha habido unos 150 cheques por más de un millón de dólares. Los principales donantes han sido cerca de 250 compañías que tienen negocios pendientes del visto bueno oficial, como las petroleras, las farmacéuticas, American Airlines, Microsoft y AOL Time Warner. De ahí que el jueves por la noche Bush tuviera tres cenas, de 25.000 dólares el cubierto. Entre los donantes figura también el viceprimer ministro libanés, con una contribución de 100,000 dólares que ha levantado la polémica.
Este derrame de dinero ha generado una de los más encendidos debates políticos alrededor de medidas para controlar los desmedidos costos a los que escalaron las campañas políticas y que se concretaron en la propuesta para una radical reforma de "financiación de las campañas" auspiciada por el senador Republicano John McCain y la senadora Demócrata Diane Feinstein. Es una campaña que también apoya la prestigiosa organización cívica Common Cause fundada por John Gardner, quien fue miembro del gabinete del gobierno de Lyndon Johnson.
Los críticos sostienen que sin dinero y buenos contactos políticos es imposible asistir a ningún acto de inauguración. Hasta las entradas para ver el juramento y el desfile -que los congresistas reparten entre sus electores- han salido a subasta.
La En eBay.com ha llegado a pagar mil dólares por dos asientos en la platea instalada frente al Congreso desde los que ver, sin necesidad de prismáticos, la ceremonia.
Los meteorólogos anunciaron mal tiempo: nieve y lluvia helada, con el termómetro bordeando los cero grados. Las borrascas se han aficionado a las inauguraciones presidenciales desde que, en 1937, Franklin Roosevelt las trasladó del 4 de marzo al 20 de enero. El frío, sin embargo, no preocupa a los organizadores de la fiesta más cotizada del fin de semana: la Black Tie and Boots, organizada por la Texas State Society, algo así como la casa de Texas en Washington. La entrada costaba 3,000 dólares.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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